Transformación

Miro este árbol, esta gameleira que crece en frente a la Fundação José Américo, y recuerdo mi vida. Recuerdo lo vivido en Cuité, en el Curso de Formação en Técnicas de Resgate da Autoestima (Cuidando do Cuidador). Lo vivido anoche en el Teatro de Santa Izabel, en Recife.

Lo que viene sucediendo en mi vida. La vida que vengo rehaciendo, siendo esto de escribir y de convivir desde lo escrito, y en lo inscripto, la manera más eficaz que tengo de seguir teniéndome de vuelta.

Volver a confiar en mí mismo y en la gente. Volver a confiar. Saber que sigo entero. Transformar las mierdas en flores, frutos, belleza, alimento. Eso es lo que hago. Por eso y para eso escribo, vivo.

No existe algo como la perfección. Me lo recuerda un librito que mi padre me regaló cuando cumplí 18 años. Allá por el año de 1970. La imitación de Cristo, de Kempis. Busco apenas ser entero. Seguir entero. Seguir siendo yo.

¿Qué imagen tengo de mí mismo? La de alguien que le hace bien a la gente por presencia. Mi madre me lo dijo muchos años atrás. Soy una buena persona, y esto no es otra cosa que saber de mí. Autoestima. Una tarea diaria.

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