Tiempo para vivir

Es todo el tiempo que hay

Hay un único tiempo

Y es el tiempo de vida

El tiempo en que transcurre la existencia

Ese tiempo reúne todos los momentos, sin excepción

Ahora mismo que escribo estas cosas

Veo con todo detalle el trayecto de mi vida

Un solo momento, momento de vivir

Es lo que hay

Es lo que está.

Lo demás son intentos por descomponer lo que existe

Partirlo, fragmentarlo, lo cual es imposible, al menos en la realidad.

La realidad no puede ser rota. Pero sí puede romperse –y se rompe frecuentemente—la percepción de la realidad, tanto cuanto la acción o las acciones derivadas.

Veo en este momento instantes de mi niñez. Juegos, sentimientos, familia, amigos, vecindario. Las acequias de Mendoza. Los plátanos. El parque.

La vida siguiente hasta ahora. Un único tiempo.

Y los momentos siguientes forman parte también de este único tiempo. Tiempo de vida.

La oración y la experiencia me enseñan, así como la comunidad, que el tiempo futuro es también un tiempo confiable.

Puedo ir, puedo hacer, puedo estar, puedo compartir, puedo realizar. Puedo seguir haciendo, minuciosamente, el trabajo en que estoy involucrado.

Viabilizarme. Tornar operacional la persona que soy. Esto exige de mí una atención continua, como lo ha sido hasta ahora.

Y una apertura a quienes comparten conmigo esta tarea de construcción comunitaria, en la cual cada uno, cada una, es respetado, respetada.

Yo puedo. Yo soy capaz. Yo alcancé. Yo realicé. Yo conseguí. Hago mundos habitables, y en ellos vivo. Y esos mundos son también habitados por gente de otros lugares.

¿Qué hago? ¿Qué quiero? ¿Qué tengo? Estas preguntas me orientan en cada paso.

Así paso de un día a otro, de un momento a otro, de un lugar a otro.

Estoy consciente de que mi empeño mayor sigue siendo el incluirme y aceptarme. El saber que no estoy solo, y que soy aceptado de todos modos, me anima y alienta.

Ilustración: “Tejido del universo”

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