Solidaridad: una sola humanidad

Es muy peligroso mirar hacia otro lado cuando un país cae en manos de la delincuencia política, militar, económica. No hace tanto tiempo, la Argentina, Chile, Uruguay, el propio Brasil, cayeron en manos de los regímenes ilegales que la derecha mantiene por todo el mundo, con distintas fachadas.

Fueron muchos años de asesinatos, secuestros, torturas, desaparición de personas, practicados desde el Estado, con cobertura de la prensa, las empresas, los bancos, y buena parte de la población civil, ciertamente muy poco civilizada, adecuadamente analfabetizada políticamente.

El tiempo pasó, y el mundo parece haber perdido la tolerancia hacia ese tipo de actitudes que posibilitaron que países enteros se sumergieran en el terror y la barbarie.

Es necesario que se mantenga la noción de que el mundo es una unidad, de que la humanidad es una sola. Si bien el mundo actual está muy distante de un estado ideal de cosas, pues aún se muere mucha gente de hambre por todas partes, y aún la fraternidad y la justicia no son lo predominante de las relaciones entre las personas, es de aplaudir que no se esté repitiendo con Paraguay, la actitud de indiferencia que se practicó internacionalmente, de manera muy interesada, en los casos de las dictaduras de los años 1970 entrando por los 1980.

Quién sabe la misma derecha (son seres humanos, en potencia, también) pueda un día comprender que no es buen negocio que la gente sufra, que sea explotada, que pase hambre, que no tenga casa, que sea violentada sexualmente, drogada, perseguida, expropiada del derecho a vivir, en nombre del lucro, en nombre del dios dinero. Al final, el explotador es también víctima de un sistema que le roba el alma. Quien sabe un dia.

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