Sobre lo eterno y lo efímero

Esta mañana pensaba en lo eterno y en lo perecedero. Aquello que es eterno vive en ti. En verdad, eres lo eterno metido en lo perecedero. Aquello en ti que es efímero, es lo circunstancial. Piensas en lo que no muere, aquellos seres que viven en ti, los seres que amas.

Ellos no han muerto, viven en tu sentimiento, en tu evocación, aún en tus actos ellos están vivos. Y el dolor, lo que te aflige, lo que te angustia. Ello también existe pero de manera circunstancial. Esto es lo que pasa, aquello, lo que dura. Vives en lo eterno y lo efímero te remite a lo eterno, constantemente. Puedes vivir constantemente en lo eterno, si quieres. O en lo efímero, si prefieres. Yo prefiero vivir en lo eterno, pensó. Respiro y siento lo eterno, el aire que me comunica con todos los seres, con todo lo que existe, las plantas, los pájaros, el mar, el cielo, las personas que viven en otros países, los bosques que se extienden indefinidamente en todas las direcciones, las nieves eternas. La bandera flameando en el cielo en octubre de 1977. Jurabas la bandera con tus compañeros esquiadores de alta montaña. En realidad, jurabas a la Divina Madre, a Dios, a lo eterno. Uno y otro conviven continuamente. Lo que te hace sufrir pasa, o que te hace bien, lo que es bueno, lo que es noble, lo que es justo, es eterno, no es circunstancial. Elige lo eterno y serás feliz a pesar de los dolores pasajeros.

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