Sinceramente

Medio como que me cansé de llevar bastante solito un proyecto que se supone que debería ser colectivo. Hay compensaciones, por supuesto.

En un tiempo de reflujo de la reflexión, de retroceso de lo que podríamos llamar de específicamente humano (la conciencia, la comunicación, el sentido de la vida, la razón de vivir), disponer de este espacio es un respiro.

Quiero dejar en claro algo que me parece que justifica mi permanencia. Sigo creyendo en el valor de lo colectivo, lo comunitario. Esta revista circula entre personas que actúan por el bien común.

Por más que a veces sea cansador seguir remando casi solo, es mejor seguir así que abandonar el empeño. Por eso sigo. Lo de la puerta estrecha de que habla el evangelio.

En pequeños círculos es posible mantener una relación más personalizada, menos masificada, menos alienada. Hay más lugar para la experiencia, para la vivencia propia, que resguarda y rescata de la masificación.

En mi vida creo que no he hecho mucho más que eso. Y es bastante. En definitiva creo que la lucha es por la preservación de la identidad. Los mecanismos que amenazan la propia preservación son incontables.

Los juegos a que nos vemos obligados/as para sobrevivir nos obligan a una creatividad permanente. En mi caso personal el desafío fue y sigue siendo la aceptación completa e incondicional de mi propia singularidad. No voy a transformarme en otra persona para ser aceptado. Ahora voy así como soy nomás hasta el final.

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