Mi revolución

¿Qué tengo? Anoche saberlo me devolvió la paz y la alegría. Ya estaba mi espíritu desvaneciéndose en tristeza y melancolía. Entonces ví lo que tengo. Y tuve todo lo que tengo. No basta tener lo más precioso. Es preciso saber que tenemos lo más precioso.

Ahora que lo escribo respiro hondo. Me alegra otra vez haber encontrado la clave. Reconvertir la historia a mi favor. En realidad, ver que he sido y sigo siendo un vencedor.

No lograron destruirme en la dictadura. Me sacaron mi lugar, pero no consiguieron matarme. La muerte había empezado ya a instalarse dentro de mí pero la fui sacando afuera. A fuerza de fuerza y lucidez. Fui haciéndome mi propio lugar, en mí mismo y en el mundo.

La propia vida se transformó en estrategia de enfrentamiento y superación. Vivir la plenitud de ser quien soy, se hizo y sigue siendo mi marca registrada. Quisieron destruir mi personalidad, transformarme en un muñeco a mando de manos extrañas, pero no lo consiguieron.

Sobreviví a la destrucción programada que el enemigo implantaba bajo el manto de una espiritualidad despersonalizadora y antihumana, negadora del placer y de la vida. Recuperé y sigo recuperando mi derecho a vivir y a ser feliz, haciendo lo que quiero y lo que me hace bien.

Han pasado los años y tengo el sueño de mi juventud y el sueño de toda mi vida. El amor de una mujer y mi país mayor. Mi Argentina de dentro, que llevo conmigo.

Mi derecho de vivir y de ser quien soy, lo hago a cada instante. Consciencia es sobre todo para mí, lucidez y placer. Disfrutar de la vida a cada momento.

Sacar al enemigo interno es la tarea más necesaria. Está bastante facilitada por la comunidad a que pertenezco. Para mí la liberación no murió cuando la dictadura implantó el miedo y la disociación. Sigue siendo una tarea cotidiana. No consiste en predicar las ideas de no sé quién, o la visión de mundo de no sé qué otros. Es vivir de acuerdo a lo que somos.

Es reivindicar cada pedazo de mí, hacerlo mío. Rehacerme cada vez que sea necesario. Es lo que garantiza la vida eterna. Volver al tiempo anterior a la implantación del miedo y la disociación, haber vencido a la dictadura, es una tarea de luz y amor. Este es mi camino, no tuve ni tengo ni tendré otro. Así de simple.

Amor que se construye con las manos. Comunitariamente. Artísticamente. Poéticamente. Esta es mi revolución.

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