¿Qué hacer cuando no hay nada que hacer?

Observar. Prestar atención. Anotar como lo estoy haciendo ahora.

Estos mínimos actos traen de vuelta otros planos de la realidad. El presente se muestra contenido en un cuadro mayor. Hay fluctuaciones, variaciones en los estados de ánimo. ¿De dónde viene mi fuerza?

Justamente de la observación atenta. Mis recursos interiores incluyen esta anotación de la variabilidad. Todo el panorama de mi vida pasa frente a mí. Renace la esperanza. Supe enfrentar y superar todo tipo de situaciones. Ganho más aliento.

No necesito estar siempre en el máximo desempeño. En realidad dejo de exigirme cualquier desempeño. Basta estar aquí. Entero dentro de mí. Vinculado afectivamente. Parte activa de un colectivo en movimiento.

Evito identificarme con pensamientos o sentimientos negativos en las horas de cuarto menguante. Más bien trato de ocuparme manualmente en tareas a mi alcance.

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