Poema de la madrugada

Ese día, se levantara más temprano todavía, a eso de las 01:20 de la madrugada. No porque tuviera alguna tarea en especial, otra que ésta de poner delante de tus ojos, querido lector o lectora, las cosas que vienen en estas horas en que el mundo duerme.

En un sueño que quedara en el umbral, alguna mujer pesaba las cosas, medía. Había hojas en el suelo. Se te figura, ahora ya con la conciencia despierta, algo como de Libra, María, equilibrio, Gita, la medida, pero no sabes si es eso realmente, o algo que ver con la muerte, con el retorno de todo a su principio, a su lugar original.

Borges y Pessoa coinciden, y tú también: nada de explicaciones, nada de definiciones, nada de decir esto es esto y esto es aquello. Cada cosa es lo que es, y listo, no hay más que decir.

Ayer, el extremo cansancio en que estabas, desaparece al ir leyendo, en el Google docs, la lista de poemas que ibas subiendo.

Poemas de María, de una cualidad indecible, imposible de transcribir en palabras.

Poemas de Pessoa, de Jorge Luis Borges, de Julio Cortázar, de Gustavo Adolfo Bécquer.

Ellos iban substituyendo textos tuyos sociológicos, textos de Comblin, teológico-sociales, de Paulo Freire, pedagógico-educativos, textos de Alder Julio, profético-sociológicos, y una sensación de paz, de todo en su lugar, iba substituyendo en tu mente el anterior cansancio.

Más tarde, con ella a tu lado, veías televisión y pensabas: la poesía me devuelve la quietud, la tranquilidad, la silenciosidad, la esencialidad.

Yogananda, el príncipe de la paz, viniera en una propaganda de la librería Omnisciencia, que vende sus obras.

Recuerdas ahora, 5 de agosto de 2009, no ayer 4 de agosto, las palabras de aquel poema La Copa, que leyeras en casa de Marcelo Nazar:

“Esta es, hijo mío, la copa. Bien sé, hasta qué punto el obscuro brebaje que contiene, fue por ti mismo preparado con tus fallas y errores en los lejanos años del ayer. Yo misma hice para tu hermano caminos planos, y para ti puse las piedras que te sacan todo reposo. Sin embargo, por tu propio camino, así como tu hermano, llegarás a Mi pecho”.

(No es una versión textual, sino aproximada, contextual, como la memoria la trae en estas horas tempranas del día o de la noche, esta frontera entre mundos).

Era la Divina Madre. Es ella. Bendita seas, Madre Divina de mi corazón. Madre de la humanidad, Madre de todo lo que existe.

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