Pluralmente

Sigo con el viejo hábito de compartir los descubrimientos y observaciones que voy alcanzando sobre el vivir. Siempre en primera persona. Me doy cuenta de que puedo ser yo mismo y vivir en este mundo. O en estos mundos.

La pluralidad, la diversidad, la multiplicidad de la que soy un testigo y practicante, se me hace cada vez más patente como dato de la realidad. En vez de perderme en generalizaciones que podrían llevarme –y muchas veces esto también todavía sucede—a un extravío y confusión, y lo que es peor, a una pérdida del presente, cada vez más me empeño en vivir una vida que sea cada vez más mía.

La vida en primera mano. La vida cotidiana, tan rica de impresiones y sentimientos. La belleza que me ronda y veo en el espejo. Los espejos. Saber lo que quiero, lo que veo, dónde estoy, qué es esto, qué no quiero, qué no es lo que parece. Saber que lo que puedan opinar de mí no me pertenece. Es de la persona que lo dice. Eventualmente puede ser, sí, mío, si me veo en ello. Selecciono más.

No concuerdo con cualquier cosa ni respondo a cualquier pregunta. Por eso sigo hablado más bien poco, y con cautela que por ahí interpretan como desconfianza. No perdí mi historia de vista, sino más bien cada vez más me veo en ella y con ella. No viví de cualquier manera. Las palabras son más que meros descriptores de lo que sea: crean lo que dicen. Me interesa más la realidad que las creencias, inclusive las mías. Muchas veces tapan la realidad.

No estoy solo. Esto es algo fundamental. Me mantengo en contacto, pero tengo el tacto de elegir con quién, cuándo y cómo. He tenido la oportunidad, en estos últimos tiempos, de vivir acontecimientos en el plano personal, familiar y comunitario, que me muestran que sigo teniendo vigencia, cada vez más, en la medida en que persevero en la construcción y autoconstrucción de mi propio mundo.

Acepto los elogios que merecidamente recibo, que me van poniendo al derecho. Me veo en la lectura comunitaria del afecto y la admiración. Trato de seguir siendo feliz a mis maneras. El tiempo tiene cada vez más un valor incalculable. Cuando escucho que me dicen que parezco un niño, que parezco más joven, que me ven más feliz, sé que me están viendo de verdad como soy.

Deixe uma resposta