Mi historia

Mi historia es una historia repetida. Empecé a trabajar a los 18 años. Cuadros. Posters. Teníamos con mi madre un taller donde ella hacía bandejas y mesitas, y yo aprovechaba la bancada y la sierra y montaba posters y fotos en paneles de madera y járbol. Así empecé a ganarme la vida en Mendoza, Argentina. Tuve empleos temporarios en tapicerías, donde aprendí el arte de tapizar sillas y sillones. Trabajaba de sol a sol en una mueblería de unos amigos de mi padre.

Trabajé un tiempito también en el kiosko de don Miguel Navarro, que quedaba en Paso de los Andes y Aristides Villanueva, en la 5a. Sección. Esta es la universidad de la calle  pibe, me decía. Aquí es la universidad de la vida, decía. Aquí son todos iguales: el diputado, la dueña de casa, el que llega. No hay alguien más que el otro.

Estos trabajos duraron poco tiempo, pero fui ganando confianza. Cuando llegué a São Paulo en 1977 seguí con estas ocupaciones temporarias hasta que me convencí de que tenía que volver a estudiar. Me candidaté a maestría en sociología y entré en el IUPERJ, en Rio de Janeiro. Esto significaba una beca de estudio e investigación. Por ese entonces yo ya trabajaba en la Escola de Sociologia e Politica de São Paulo.

Ese trabajo como profesor me puso em contacto con un ambiente motivador  estimulante. Juventudes buscando primaveras. Brasil saliendo del régimen autoritario. Yo volviendo a la sociología, interrumpida que fue mi formación en la UNCuyo de Mendoza, por la expulsión de que fui objeto por la dictadura de Videla. Era un regalo inesperado. Un recomienzo. Trabajo estable. Importantísimo para cualquier trabajador o trabajadora.

Atrás quedaba la incerteza de saber si trabajaría o no el próximo mes, lo cual me daba cierta tranquilidad. Había nacido mi hija Ana Carolina. Yo vivía en una casa alquilada en el barrio Brooklyn Velho. Trabajaba también en otras actividades. Teaducción de libros y catálogos de maquinarias. Llegué a tener varios trabajos simultáneos, que me daban placer ya que conocí libros lindísimos que me marcaron hasta hoy.

Recuerdo en especial “La escuela: retrato de un proceso de construcción inconcluso,” de Ezpeleta y Rockwell. Conocí sociólogos impactantes, como Horacio González, y con él amplié mi integración a la comunidad argentina exilada en São Paulo. Trabajaba yo también con los curas del Centro de Estudos Migratórios de São Paulo, ligado a la Pastoral del Migrante.

Ahí mi vocación sociológica volvía a su origen. Barrios. Promoción de la integración social. La marca de mi formación en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo, interrumpida por el golpe de estado de 1976, que arrojó a la Argentina a un período de terror. Muertos, torturados, desaparecidos. Escapé por poco. Y tuve suerte de poder salir, después de cumplir con el servicio militar en Puente del Inca, local cordillerano cercano a la frontera con Chile.

Una historia de fugas y enfrentamientos. Unos victoriosos, tanto que estoy pudiendo contar mi historia. Otros dejando rastros que solamente con el tiempo estoy pudiendo reparar, con trabajo árduo. No puedo ni quiero hablar ahora de lo que me puso en una situación que a mucho costo tengo que ir revirtiendo. Rehacerme. Recuperar el respeto por mí mismo, seriamente dañado por un acto violento. Más de uno, en realidad. En el espacio íntimo.

Me tocó rehacerme. Sigo siendo un hombre que no se rompió. Insistí y seguiré insistiendo. Y ahora veo lo más bello que pude haber visto en mi vida. Un sol brillante, que pinté incontables veces. Hoy está em mí, multiplicado. Una multitud de solcitos concéntricos, irradiando, en movimiento. Es mi casa. Es lo que soy. Es lo que es. Es de todos, de todas. Basta seguir el camino del sol, anunciado en el Evangelio.

“Vengan a mí ustedes que están cansados y trabajados, que yo los aliviaré,” dice Jesús.

Me metí en el trabajo voluntario en salud mental comunitaria, después de haber sido jubilado como profesor de la UFPB. Y así conocí la Terapia Comunitaria Integrativa de Adalberto de Paula Barreto, donde encontré pertenecimiento. Aquí nadie te juzga.  Aquí podés ser quien sos y sos aceptado, aceptada. No importa si sos de esta o aquella clase social o nivel de escolaridad. Ni si tenés esta o aquella religión o nacionalidad.

Basta que quieras salir o sanar de cualquier daño que hayas sufrido en tu integridad. Aquí sos apoyado, apoyada. Y aquí sigo encontrando un sentido mayor para vivir. Gente que pasó cosas parecidas a las que enfrenté, o aún más dolorosas.

Me hice un trabajador incansable por la reconstrucción de la persona. La recuperación de la identidad. El respeto absoluto a la integridad total del ser humano.
Una tarea que viene trayéndome más cerca de mi totalidad. Un momento cumbre.
Valió la pena haber insistido. Me hice de nuevo, después de lo que pudo haberme destruído. Nunca estuve solo. No se sale solo de un infierno.

Mi familia, amigas y amigos. Comunidades de que formo parte y ayudé y ayudo a seguir adelante. La fuerza de la fé. El arte en sus varias expresiones. El sindicato docente. El grupo Kairós, en João Pessoa, inspirado en la vida y obra del padre José Comblin.

Entre otras fuentes de fuerza. La principal: mi decisión de ser yo de nuevo. Sin las marcas del engaño, la falsedad, la duplicidad, la mentira, la cobardía, la bajeza moral, la podredumbre que se esconde en las sombras,  muchas veces encubierta por la ausencia total del mínimo respeto al ser humano.

Cuidar la vida es lo que importa. En toda circunstancia. Es un poco lo que quería contar de mí.

Por eso escribo. No dejo de escribir. Cuento mi historia. Para no olvidarme de quien soy ni de dónde vengo. Para no olvidar lo que amo y amarme. Seguir amando como sólo se ama cuando se ama la vida sin reservas y se sirve sin esperar otra recompensa que la vida eterna. La plenitud de la victoria sobre lo que pudo habernos destruído se construye y reconstruye sin cesar.

Sin embargo, también esta lucha tiene un final. Dejar los fantasmas y atrevernos a descubrirmos vencedores, depende de nosotros. De cada uno, de cada una que enfrentó lo abominable y tomó para sí la tarea de rehacerse por completo.

Aquí estoy yo. Esta es mi historia.

El tiempo ahora anda lentamente. A su ritmo. Es lento el paso del tiempo. Nada corre. Todo sucede, va sucediendo. Me llama la atención la continuidad. Lo que prosigue. Más que las interrupciones. Volver a vivir en una casa es una experiencia estimulante. Refluyo. Vuelvo a mí. El reencuentro es una experiencia integral.

Antiguos y actuales recuerdos unidos en mí, en una sola realidad que me contiene y me guarda. La paz es posible. Menos escenario. O quien sabe sólo lo necesario. Papel sin papeles. La muerte ya no asusta. Es lo que no buscamos. Lo que no busco. Es más bien un momento de unidad y paz. Serenidad.

Ver el sol y el mar por la ventana. El movimiento de las olas. Sin conflictos. Sin apuro.

(03-05-2025)

Um comentário sobre “Mi historia”

  1. Muito libertador – para quem enfrentou, também, regimes ditatoriais-, ler este depoimento de Rolando, que sobreviveu ao inferno iniciado com o golpe de Estado que derrubou Isabel Perón na Argentina. Este evento vivido por ele seguiu o lastro sangrento de golpes (quase todos militares) dados em países da América Latina na década de 70, com o objetivo de combater o comunismo e proteger os interesses geopolíticos e econômicos dos EUA. A saber, Brasil – em 1964; Uruguai e Chile – 1973; e Argentina – 1976. E, ainda, a ditadura de Alfredo Stroessner, que em embora iniciada em 1954, se estendeu pela década de 70.

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