El llanto está presente desde el nacimiento hasta la muerte. Llorar al nacer es un buen signo de salud. Cuando alguien llora nuestra partida, es una muestra de reconocimiento y cariño por lo que hemos hecho a lo largo de nuestra existencia. Lloramos de felicidad y de tristeza. Llorar demuestra nuestro estado emocional, nuestra gratitud y nuestra sensibilidad. Además de aliviar el dolor del alma, llorar es bueno para nuestro cuerpo y mente. Las lágrimas liberan sales minerales que afectan el estado de ánimo, lo que disminuye el estrés y mantiene el equilibrio de nuestro cuerpo. De ahí su sabor salado. ¿Sabías que las lágrimas tienen características químicas diferentes a las lágrimas de felicidad o tristeza? Aquellos que están deprimidos debido a la muerte de un miembro de la familia, todo el organismo sufre cambios en la producción de neurotransmisores por parte del cerebro. El ciclo del sueño se interrumpe y dormimos mal. Las plaquetas de la sangre se vuelven más viscosas. La tristeza se apodera de nuestro cuerpo físico y mental. Las lágrimas surgen como un hilo de tierra, para liberar tensiones perturbadoras, desintoxicarnos y aliviar el dolor. Son lágrimas terapéuticas. Como decía Mario Quintana, “cada lágrima en la mejilla es la palabra hablada de un sentimiento silencioso”. Al ser capaces de expresar y dejar fluir este sentimiento silenciado, estamos asumiendo un sentimiento noble, que caracteriza nuestra humanidad. Muchas personas tienen dificultad para llorar y mostrar sus sentimientos, están paralizadas y distantes de los demás y de sí mismas. Están tristes, pero las lágrimas no fluyen. Están atrapados y petrificados. Las perlas simbolizaban las lágrimas petrificadas de los dioses en la antigüedad romana. Nos recuerda el dicho popular: “las lágrimas que no derraman los ojos, derraman los órganos”. Si reprimimos lo que sentimos y experimentamos, se somatiza en nuestros órganos. Cuando la boca está en silencio, los órganos hablan, y cuando la boca habla, los órganos sanan. Lo que no expresamos con la boca queda impreso en nuestro cuerpo en forma de enfermedades. La tristeza causada por un duelo fallido puede llegar a nuestros pulmones. Las lágrimas retenidas son advertencias para que te detengas y revises tu conducta en relación con tus emociones. También se considera que las lágrimas son el llanto petrificado de las sirenas, que contiene secretos escondidos en el fondo del mar. Son lágrimas construidas por los desencantos de la vida. Llorar es una gran forma de terapia. Llorar no causa dolor, lo que causa dolor son los motivos por los que se derraman lágrimas: pérdida, traición, anhelo… Libera tensiones, nos permite hacer una pausa y digerir un sentimiento silenciado. Tener la oportunidad de llorar en el regazo o en los brazos de alguien en quien hemos depositado nuestra confianza nos brinda consuelo y nos ayuda a superar el dolor. Es en este momento que comprendemos que no estoy solo, que el dolor de alguien puede ser aliviado por otra persona. Ser capaz de secar las lágrimas de alguien es un privilegio, y nos reconforta saber que puedo aliviar el dolor de alguien. Esto es lo que le sucedió a Verónica, que limpió el rostro ensangrentado de Cristo y, como reconocimiento, hizo estampar en su pañuelo la fotografía del rostro ensangrentado de Cristo. Por lo tanto, es crucial tener amigos que nos acepten tal como somos y nos acojan sin prejuicios. Que nos alcancen cuando caigamos y nos ayuden a levantarnos.
Como decía Cora Coralina: “Muchas veces basta con ser: un regazo que acoge, un brazo que envuelve, una palabra que reconforta, un silencio que respeta, una alegría que contagia, una lágrima que fluye, una mirada que acaricia, un deseo que satisface, un amor que promueve”. A menudo basta con ser una presencia, silenciosa. Muchos animales, como serpientes, tortugas y cocodrilos, también derraman lágrimas. Conocemos la expresión: “lágrimas de cocodrilo”, para aquellas personas que fingen un dolor o tristeza que no le sale del alma. Es el grito falso e hipócrita que utilizan los criminales para evadir la justicia. Recientemente, las redes sociales revelaron que, en Mato Grosso, una exitosa empresaria y madre de familia fue asesinada en su propia casa. Durante el velatorio, su esposo lloró profusamente como si fuera una víctima, cuando las investigaciones revelaron posteriormente que él era el responsable del crimen. En una de sus canciones, Gal Costa afirma: “La tristeza es la belleza borrada por el sufrimiento… Las bellezas son cosas que se encienden por dentro”. Poder expresar el sufrimiento, una emoción contenida, nos permite resignificar el dolor con el apoyo de la colectividad. Esto es sanación. Varios tatuajes de lágrimas simbolizan la tristeza, la pérdida y la superación. Hay tatuajes en forma de lágrima de diferentes colores: negro para recordar a las madres que han perdido a sus hijos a manos de la violencia estatal; en las cárceles, para expresar el deseo de venganza de un compañero asesinado por rivales; y rojo para recordar a los amigos asesinados por la policía. En los Juegos Olímpicos, las lágrimas derramadas por los atletas y espectadores perdedores y ganadores provocaron una emoción que trascendió las fronteras de idiomas, razas, países y continentes. Fue humanizante, en un mundo de polarización, donde se estimula el odio, las rivalidades fratricidas son una constante. Los Juegos Olímpicos de París fueron una “Socioterapia” universal. Experimentamos emociones, derramamos lágrimas, nos abrazamos, vitoreamos con los vencedores y lloramos con los que perdieron. Es emocionante ver este espectáculo de belleza, fuerza y delicadeza. Se pudo notar que los enfrentamientos y peleas no tenían como objetivo eliminar al oponente, sino superar sus limitaciones. Fue gratificante ver el compromiso de cada deportista para dar lo mejor de sí mismo. Podemos ver que, en las diferencias entre los atletas, había algo edificante que despertaba empatía y orgullo sano, alimentando un sentido de pertenencia a la humanidad. Fue un espectáculo que demostró que todos los seres humanos tenemos la misma aspiración, la misma ambición de vivir en paz y alegría, teniendo a un adversario como estímulo para superarse a sí mismos cada día. Los Juegos Olímpicos de París fueron una gran terapia para toda la humanidad.
Adalberto Barreto, profesor emérito de la Facultad de Medicina de la UFC y presidente de la Asociación Brasileña de Psiquiatría Social.
Imagem: Olímpia 24 Horas, Padre Ivanaldo Mendonça, 08/02/2019:
https://www.olimpia24horas.com.br/noticias/padre-ivanaldo-lagrimas-que-curam-/0/15122

Doutor em Psiquiatria e Antropologia. Presidente da Associação Brasileira de Psiquiatria Social. Criador da Terapia Comunitária Integrativa. Autor de vários livros. CV Lattes: http://lattes.cnpq.br/8155674496013599.
