La Terapia Comunitaria como estrategia de movilización social

Si entendemos la movilización social como un proceso de disolución de barreras que impiden la libre circulación e inserción de personas en la sociedad como un todo, o en alguna de sus sub-sociedades (familias, barrios, comunidades, movimientos), podemos entender, como aquí está dicho, que la terapia comunitaria sea una estrategia de movilización social.

En ella colaboran, lado a lado, personas humildes y doctores, estudiantes y dueñas de casa, personas viciadas en drogas y creyentes de las iglesias más variadas, con el objetivo común de superar juntos, los problemas mentales, emocionales y relacionales de todo ser humano.

En las ruedas de terapia, como dice el Prof. Adalberto Barreto, su fundador, y la experiencia comprueba, los estudiantes sanan del autismo universitario, del espejismo de un saber sin gente, de un conocimiento sin experiencia. Y las personas del medio popular colaboran con lo que tienen de más propio, sus valores originales, su generosidad, simplicidad, solidariedad, entre otros. No partimos de una visión idealizada de los pobres.

Uno de los pilares de la Terapia Comunitaria, la pedagogía de Paulo Freire, afirma la autonomía de los sujetos y la horizontalidad del saber. Esto es practicado a partir del momento en que vos entrás en una rueda de terapia. Nadie te pregunta tu profesión, aunque vos puedas decir cuál es. Pero cuando alguien habla, los otros escuchan. Todos y todas tienen algo a decir. Todas las historias, los problemas, los sueños, las ansias y ansiedades, son importantes. Nadie le da consejos a nadie ni interrumpe cuando los otros hablan. No hay nadie más importante que los demás.

Todos se tocan, se abrazan, se intercambian miradas y palabras de cariño, de afecto, de apoyo, de comprensión.

Suelo decir, y he oído a otros y otras decir, que en la terapia comunitaria, uno se transforma en terapeuta de sí mismo. No hay la pretensión de que el terapeuta cure a nadie. Es la comunidad la que cura. Tu comunidad interna y la externa. La que vos sos en vos mismo o en vos misma, y la que vos formás, de la que formás parte, fuera de vos, en tu relación con los demás.

Se rompe la dependencia, vos podés, los otros pueden, todos juntos podemos más. Y si esto pueda sonar como algo ilusorio o pueril, vos podés probar, de varias formas, su veracidad. Una, participando de una o más ruedas de terapia. Otra, oyendo a alguien que ya participó o participa. Y, aún, tomando conocimiento del impacto que esta actividad viene mostrando en diversos municipios del Brasil, en la creación o refuerzo de redes solidarias, estimulando el aumento de la autoestima de personas y comunidades, promoviendo la reintegración de ex-dependientes del alcohol u otras drogas ilícitas, movilizando colectividades de las periferias urbanas y de nichos de clase media de las ciudades, que, de a poco, pero evidentemente, comienzan a salir del inmovilismo y de la apatía, de la resignación y de la manipulación externa, para ser, cada vez más, personas y comunidades, agentes activos de su vida y de su destino.

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