La teoria de la comunicación humana como pilar de la Terapia Comunitaria

La teoría de la comunicación humana es uno de los pilares básicos de la terapia comunitaria. Formulada por Watzlawick, Helmick-Beavin y Jackson, permite comprender la acción humana como un comportamiento en que son transmitidos mensajes. Toda la conducta humana es transmisora de mensajes, inclusive cuando nos proponemos no comunicar, estamos diciendo algo: vos no existís, vos no me importás, vos no sos nada. Bien dicen que lo contrario del amor no es el odio, sino la denegación.

En la terapia comunitaria, aprendemos que una persona deja de tener sentido o pasa a ser ignorada deliberadamente, y esto acarrea consecuencias para su autoestima, para su noción de si, para su modo de ser y de comportarse en el mundo.

Un niño que no fue deseado, desde el vientre materno supo ésto, y vino al mundo preparado para tener que agradar, para decir que sí todo el tiempo, para aceptar cualquier cosa a cambio de un poco de afecto. Un niño que fue querido desde la concepción, al contrario, es capaz de decir sí cuando quiere, y no cuando no quiere. Estas constataciones aparentemente muy simples, permiten que la persona comience a verse a si misma desde otro lugar, desde una posibilidad de auto-conocimiento auténtico, sin engaños, verdadero.

Muchas veces, en las ruedas de terapia o en las formaciones de terapeutas comunitarios, los participantes son llevados a descubrir las falsas imágenes que hicieron de sí mismos, y que los han aprisionado durante toda su vida, o por largos períodos de tiempo. Cuando la persona empieza a percibirse como alguien que venció muchas batallas, alguien que supo superar circunstancias que podrían haberla partido o desviado de su camino, el concepto de sí mismo comienza a emerger de una manera positiva. El sujeto se descubre capaz de dirigir su propia vida, de dar un significado a su existir, de decidir lo que quiere que sea su propio ser. “Que querés vos para que yo lo quiera” (El niño o la persona buenita). “Qué querés vos para que yo no lo quiera” (el rebelde o contestatario) son prisiones en que la persona deja de ser ella misma, pierde su libertad, actúa por automatismos.

Cuando aprendemos a decodificar los primeros mensajes y a leerlos a nuestro favor, se rompen los determinismos de nuestra vida. Si alguien se sintió abandonado, no querido, porque fue esperada niña y nació varón, o al contrario, esto determinó reacciones que estuvieron fuera de su control, de su capacidad de decidir. Actuó durante años contra el mundo, contra las personas, por venganza: no me quisieron, no los quiero. Muchos comportamientos agresivos están animados por una reacción de quien se sintió no querido, no amado.

Muchas veces la agresividad se dirige contra la propia persona, que pasa a convivir con un tirano interno, un saboteador de su felicidad y de su derecho a vivir con alegría y de acuerdo con su manera única e irrepetible, en medio de los demás. En las formaciones de terapeutas comunitarios, uno de os ejercicios es el descubrimiento del animal con el cual cada uno se identifica. Se forman grupos y los coleguitas que eligieron el mismo animal, intercambian mensajes a respecto de sí mismos, de sus modos de ser característicos.

Esto hace que cada uno descubra su naturaleza más común o frecuente, sus formas habituales de ser y de comportarse. Entonces, la persona deja de condenarse y de compararse con los demás, descubre su forma única de ser, y la acepta. Los mensajes recibidos (fui abandonado, no me quisieron) son re-codificados en función del contexto interpretativo que el abordaje integrativo y sistémico propone, con base en los valores de los padres y de la cultura alrededor, y de las propias elecciones de la persona.

Lo que se aprende en la terapia comunitaria, en términos de la comunicación, es a salir o intentar romper las trampas de la comunicación paradojal, del doble vínculo y de las distorsiones de los mensajes equivocados que emitimos o recibimos. “Carta correcta para la persona equivocada”, es cuando emitimos un mensaje que es correcto en su contenido, pero está siendo enviada a quien no tiene nada que ver. Cuando la reacción es desproporcionada en relación al hecho, estamos reaccionando no al hecho, sino a aquello a lo cual él nos remite. Estas claves nos dan elementos para ir re-programando nuestra conducta desde una visión más actual, más presente, menos condicionada por el pasado. El pasado es visto como el estiércol necesario para el crecimiento de la planta. El presente brota como un tiempo nuevo, libre de ataduras. El empoderamiento de las personas y de las comunidades depende en buena medida de la decodificación y re-codificación de mensajes recibidos y emitidos.

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