Intervalo

Existen intervalos naturales. Pausas. Paradas. Detención. Dejar un espacio. Romper el automatismo. Dejar que aparezca lo nuevo, lo inesperado.

Es necesario si quiero dejar de vivir en automático. Lo contrario es pegar la percepción a lo habitual y así, de a poco, ir ausentándome, dejándome de lado, quedando afuera.

Cuando presto atención a la respiración, veo que se abre una posibilidad. Lo mismo cuando escucho. En vez de reaccionar de inmediato, puedo dejar que se abra un espacio, una posibilidad.

Entonces puedo saber si debo decir algo o no. No es necesario siempre decir algo, o no decir. Puedo ver lo que quiero en ese momento.

Hay una presión a lo automático, a la repetición de comportamientos que, en cierta medida, me va dejando ausente. Algo actúa en mí. Memorias, miedos, órdenes, pero no soy yo. No es mi consciencia.

En la medida que voy saliendo de lo meramente repetitivo o mecánico, voy volviendo a mí. Vengo yo de nuevo a mi posición central. Soy otra vez –o quien sabe por primera vez—consciente.

He estado experimentando lo que aquí describo. Y es realmente un recomienzo. Un empezar de nuevo. No es desde cero, porque la memoria sigue existiendo. Pero deja de contaminar lo presente. Lo real se va limpiando.

Los fantasmas–y estoy hablando de cosas concretas, miedos, odio, rabia– dejan lugar a una vivencia restablecida. Es como si la vida empezara de nuevo.

Hoy tuve esta experiencia. Estoy volviendo a caminar. A estar con gente. A permitirme vivir en paz.

Me acepto como soy. Dejo de condenarme o forzarme. En realidad, todo esto está en marcha. No es que ya esté concluido. Pero es un proceso real y concreto. En vez de repetir, paro, miro y veo. Pregunto, oro. Y trato de orientarme desde un presente, restablecido, pleno.

¿Qué encuentro, entonces? Tranquilidad. Contacto. Confianza. Sensaciones de que la vida es buena, y que es bueno vivir. Dejo de castigarme y culparme. No vivo a la defensiva. Trato de defenderme de lo que me pueda dañar, manteniéndome en mi centro.

Pero no me aprisiono en nombre de la seguridad. Tengo seguridad cuando sé lo que quiero, lo que estoy haciendo, quién soy, y cuál es mi historia. Cuáles son mis valores y principios innegociables.

Entonces lo que no me dice respecto, lo que no es mío, se aparta de mí, queda lejos. Y puedo andar por el mundo sereno y tranquilo.

Acepto mis límites, y también mis capacidades. Vuelvo a confiar en la gente. Construcción colectiva. Comunidad. Solidaridad. Futuro.

Deixe uma resposta