Integración literaria

Nunca me cansaré de enfatizar cuánto le debo a la interacción con algunas personas que leen mis textos, y que se toman el trabajo de comunicarse con el autor. Este feedback, esta devolución, realimenta la construcción colectiva de espacios de integración, de liberación de prisiones mentales y emocionales.
El capitalismo exacerba los distanciamientos, exagera las diferencias en lo que ellas tienen de oposición entre las personas, entre los modos de pensar, entre las culturas. Nuestro caminar va en el sentido contrario. Siempre admiré a los autores y a las autoras que me incluían en sus relatos, en sus libros.
Yo podía verme en las narrativas de Ray Bradbury y de Howard Philips Lovecraft, del mismo modo como me sentía incluído, sobre todo, en las canciones de Los Beatles. Con el pasar del tiempo, fui desarrollando el escribir como forma de integración en mí mismo, de mí mismo, y en el mundo, con el mundo alrededor.
Rompiendo la separatividad, de manera lúdica, dialógica, constructiva. Esto no fue muy bien visto en la llamada academia, donde la mediocracia y el apego al poder y al dinero prevalecen, con raras y honrosísimas excepciones, generando estilos comunicacionales excluyentes, restrictivos, un cierto lenguaje que los ghettos corporativos llaman científico.
La cientificidad no tiene nada que ver con la exclusión. Al contrario. En las avanzadas de la ciencia, las visiones y formas de conocimiento confluyen. El saber científico y las cosmovisiones religiosas convergen, más allá de las tentativas de privatización excluyente.
El saber popular, la sabiduría de las personas comunes (y todos y todas somos personas comunes) y los saberes artísticos, prácticos, etc., son otras tantas avenidas que confluyen para proporcionar a los seres humanos, formas de apropiación del mundo que puedan llevar a una vida más feliz, más plena, más cooperativa. En el escribir ocurre lo mismo.
Hay quien escriba para no ser comprendido o comprendida. Y en las relaciones personales también: hay quien se esfuerce para no ser comprendido o comprendida. Por eso, siempre admiré y me gustó, me gustó mucho y continúa gustándome, cada vez más, la escritura inclusiva, dialógica
 
Aquella que se establece desde la horizontalidad de los saberes. La que construye espacios de interacción en los cuales las diferencias sean (o puedan llegar a ser) enriquecedoras, y no necesariamente dissociadoras
 
No concibo mi vida sin los libros que leí, sin los libros que mi madre nos leía cuando niños. Esos libros me fueron dando la certeza de que yo tenía un lugar en el mundo, de que yo podía y puedo ser. Tal como las canciones de Los Beatles.

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