Integración

fotoLeer es una de mis formas favoritas de no hacer nada. Cuando me dejo deslizar hacia esas regiones de belleza y poesía, imaginación y ensueño en que recupero la noción de mi ser real, algo en mí se completa. Me alivio del peso del intectualismo y de la manía de querer estar haciendo cosas útiles. ¿Para qué querer saber tanto, interpretar tanto?

Disfruto profundamente de esa sensación de integración en algo más grande y al mismo tiempo tan íntimo y mío. Es el mundo al que me ido incorporando a lo largo de años de lectura y escritura. Disfruto de ese mundo que me acoge y enriquece cuando abro un libro. Me aparto de la superficialidad y de la ilusión de lo repetido, la falsa impresión de que esto que está aquí es algo que ya conozco, y que no oferece sorpresas.

En los libros de literatura y poesía encuentro una ampliación de mí mismo, y me encuentro con tanta gente del pasado y del presente, que también ha andado por allí. Me rehago, repongo fuerzas, vivo cada vez más en esa dimensión común a la que todo pertenece. Me agrada este territorio y este quehacer que es una forma de no hacer nada. A través de la lectura y la escritura soy cada vez más yo y, simultaneamente, más parte de este mundo conflictivo y sorprendente.

En este ejercicio de lectura y escritura me uno a lo más esencial que existe, algo que está tan aquí, que basta relajar un poco la ansiedad y la expectativa, que lo siento, lo respiro, lo habito. Entonces el celeste y el azul, el verde y el amarillo, la tierra y las raíces, todo es cada vez más yo, y yo soy yo también cada vez más todo.

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