Identidad

Alguna vez Fernando Pessoa, célebre por sus heterónimos, dijera: ¿Me habré transformado en nación? Alguien que creo que era León Rozitchner, escribió en La Nación, que Fernando Pessoa tiró abajo el mito de la identidad.

Saber esto hace bien, pues no es necesario creerse esquizofrénico para saber que uno es muchos. Y vos, ¿cuántos sos?

Cuando era, chico, me gustaban los chistes de Carlitos, que aparecían entre una historieta y la otra, en una revista de cuyo nombre prefiero no acordarme. Carlitos se disfrazaba, o mejor dicho, era distintos personajes. Ya andaba de avión con una caja en la cabeza, ya andaba en un auto que él mismo fabricaba, con una caja o con lo que tuviera a mano.

Este saberte muchos, lejos de ser una enfermedad, es un principio de salud y de sabiduría. Los que hacen teatro lo deben experimentar. De alguna manera, se disocian de un ser muy pegado a su esencia por lo cotidiano, por la fuerza de la rutina. Liberan su ser en el reconocimiento de la diversidad que anida en el interior de cada uno de nosotros.

Leo en Leonardo Boff sobre esta misma diversidad que existe en cada persona, cosa que los antiguos chinos ya conocían, los alquimistas y esotéricos también. Los 12 signos del zodíaco, sea occidental o chino, con sus subtipos, crean una fantástica diversidad hacia afuera y hacia adentro de cada ser humano.

Hoy se habla mucho de diversidad, mientras mucha gente insiste en aprisionarse en rótulos de los cuales un día deberá intentar zafase, si quiere conocerse de verdad, en el constante cambio de identidades que se procesa en cada persona.

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