Habitación

fotoMuchas veces me pongo a escribir, no por tener algo determinado para decir, sino más bien por la pura y simple necesidad de estar donde debo estar. Donde me gusta más. Donde soy más yo.

Es claro que hay otros lugares donde me gusta ir por estas mismas finalidades. Son las hojas y telas donde pinto. Los colores. La oración.

El afecto de quienes amo. Las redes solidarias donde me recupero del extrañamiento y la alienación. Pero escribir tiene algo muy suyo. Muy solamente del escribir. Se parece a un juego. Es un juego.

Y tal vez por esto es que me guste tanto, y acabo prefiriéndolo a otras maneras de tenerme de vuelta. Aquí me tengo de vuelta de todas las falsificaciones. Este es para mí el espejo más fiel. El agua más transparente y clara. Aquí veo y me veo.

En este mundo de las palabras que me traen de vuelta a mí mismo, y que hacen mío el mundo en el que vivo, en este mundo de palabras que me hacen dueño de mí mismo y señor de mi mundo, aquí, soy. Esta noche salí a caminar por las calles de mi barrio.

Lo que iba viendo, el color del cielo, las flores de la casa del frente, el lento deslizarse de las luces de los autos por el río de asfalto, todo eso era mío. Viene haciéndose mío desde hace mucho tiempo. Cuando leo y cuando escribo, me voy deslizando hacia el mundo verdadero y real, que es el mundo que construyo con mi imaginación, mis sentidos y mis sentimentos.

Ayer pinté un cuadro celeste y blanco. Pinceladas como pétalos, que caen sobre la tela y dibujan siluetas, formas. Esta mañana, cuando me levanté, sentí ese cuadro. Pero no era la sensación de que había allí una pintura. Sentí las flores que son ese celeste y blanco. Jazmines y hortensias. Una sensación de paz.

Deixe uma resposta