Graciela Cousinet: los indignados y el triunfo de los conservadores

Los jóvenes, y no tanto, que se concentraron en la plaza de la Puerta del Sol en Madrid manifestaron un descontento que se está agravando desde hace algunos años en España. En algún momento se les llamó “milenaristas”, porque siendo profesionales universitarios, su sueldo no sobrepasaba los mil euros en una sociedad adonde un alquiler puede llegar a llevarse la mayor parte de ese monto. Pero después, ni eso les quedó, la desocupación terminó siendo el destino de la mayoría de ellos.

Al igual que los jóvenes egipcios, habían aprovechado la oportunidad que la temporaria bonanza económica de la globalización les brindó para estudiar. Pero los resultados fueron escasos o nulos.

Estos estallidos juveniles que tienen como epicentro la cuenca del Mediterráneo, se llevaron puesto el gobierno de Mubarak y le están ocasionando serios problemas a Zapatero.
Sin embargo, los resultados eleccionarios no reflejaron un impacto similar al que lograron en la sociedad y en los medios internacionales. Más allá de una abstención mayor a lo habitual.
Esto puede explicarse, aunque sea en parte.

Cada vez más la política y lo partidario se distancian entre sí. La política se relaciona con los cambios y la partidocracia con la conservación del statu quo.

El ámbito de la política se define en los movimientos sociales, en las organizaciones populares, en las asambleas barriales y en las calles; lo suyo es lo territorial y las relaciones que predominan son de cara a cara.

La partidocracia se mueve como pez en el agua en la superestructura y en las relaciones corporativas, de las que obtiene los recursos para expandirse. Los “Indignados” pertenecen al primer campo, y los partidos tradicionales que compitieron electoralmente, al segundo.

Otro tema a tener en cuenta es la distinción entre “activo” y “masivo”. Existe una porción de la sociedad que opera activamente en el campo de la política, produciendo movilizaciones y manifestaciones que no siempre producen modificaciones en el conjunto de la masa. Su accionar es importante y temido por los poderosos pero no necesariamente tiene repercusiones en lo electoral, que se mueve por andariveles diferentes.

En lo electoral predomina otra lógica, signada, aunque parezca paradójico, por el desprestigio de la política y la crisis de la representación. Allí funciona “el mal menor”, el voto castigo, el clientelismo y la imagen de los candidatos asociada a valores y ideas sólo gracias a los artilugios del marketing político.

Además, hay que poner en análisis el hecho de que los efectos de los acontecimientos sociales disruptivos y explosivos no siempre son inmediatos, sino que operan lenta y subterráneamente como un viejo topo.

La irrupción de los jóvenes rebeldes puede tener efectos en el tiempo tan importantes como otros momentos igualmente conmovedores en la historia reciente. Lo que sí es seguro es que aquellos que acampan en el corazón neurálgico de Madrid difícilmente vuelvan a ser los mismos. Su impacto en la sociedad española dependerá de su capacidad de construir y sostener una organización y establecer un proyecto consensuado.

Graciela Cousinet é socióloga e decana da Facultad de Ciencias Políticas y Sociales da Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argetina.

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