Florecimiento

Vengo escribiendo con distinas motivaciones, intenciones, propósitos y objetivos. Creo que el principal de ellos es –o al menos fue durante mucho tiempo– ir pasando mi vida en limpio. Ir viendo qué es lo que fue, qué es lo que pasó de hecho.

Así es como fui viendo mi vida y mi historia, mi memoria, la persona que soy, de distintas maneras, y no de una sola. El resultado es que ahora veo que mi vida no fue algo así tan sufrido, tan no sé cómo que ni podía ni debía mirar.

Al contrario, veo que me despegué de cierto modo y en alguna medida, de ciertas fijaciones en hechos y sentimientos del pasado a los cuales me había quedado pegado. Ahora veo que más bien esos hechos y sensaciones, sentimientos, memorias, son algo que le sucede a la gente.

No estoy naturalizando la violencia en sus distintas formas, no, no, no. Eso nunca. Lo que veo más bien es que a pesar de todo lo que las personas sufrimos, seguimos adelante, e inclusive más: ponemos a nuestro favor aquello que casi nos destruyó.

Por haber enfrentado y superado, o por haber aprendido a convivir de manera positiva con las consecuencias de lo que nos hizo sufrir, somos más fuertes hoy. Tenemos más confianza en nosotros mismos o nosotras mismas. Esto del lenguaje incluyente puede ser divertido, más allá de las razones que nos impulsan a usarlo.

Incluir es necesario. Sobre todo si miramos algo que se me figura como una de las perversidades más repugnantes de la sociedad en que vivimos, la sociedad capitalista. El descarte de personas. Esto es algo que siempre me chocó. Se usa y se tira gente.

No sólo en las guerras explícitas, naturalizadas en sus distintas formas, sino también en la guerra cotidiana, también naturalizada. Usted va a estudiar, va a tener casa y comida, salud, un buen empleo, vacaciones, diversión, y ustedes al contrario, van a tener que contentarse con lo mínimo que les permita pasar de un día al otro para seguir reventándose como bestias.

Es así como al escribir revivo, renuevo mi vida y salgo de una sensación falsa de repetición. No hay repeticiones. Hay sucesión, continuidad, superación. Florecimiento. Como este ipé blanco que ayer encontramos al volver a casa. Una esperanza que nos alegra. Nos dice que hay luz más allá de la oscuridad.

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