Experimentando con la experiencia

fotoCuando me hago la pregunta ¿Cuál ha sido mi experiencia?, soy yo quien viene como respuesta. Yo soy mi experiencia. Yo soy la experiencia que he acumulado a lo largo de la vida. He experimentado con esta pregunta, y es esto lo que estoy compartiendo aquí y ahora: ¿Cuál ha sido mi experiencia?
Tenemos un vislumbre de nuestro ser total cuando nos hacemos esta pregunta. Viene a nosotros una imagen, un suelo firme. La consolidación de todo lo que fue vivido, viene a nosotros como respuesta. Esta pregunta tiene, por lo tanto, una fuerza enorme. Cuando me pregunto por mi experiencia, vengo a mí como un sujeto total, más allá de mis papeles.
Puedo verme –y es esto de lo que se trata: es una vista, una imagen, una visión — como unidad, puedo verme como una totalidad, más allá de mis papeles. No hay nada de malo con los papeles sociales, a no ser que se nos pegan a la piel al punto de que ya no sabemos más quien somos: creemos que somos un marido o una esposa, un hijo o una hija, un militante o una militante, y cosas así. Somos eso, somos un hijo, militante, lo que sea, pero somos algo más: somos un sujeto que experimenta.
Cuando me hago la pregunta ¿Cuál ha sido mi experiencia?, viene un silencio que enseguida es llenado por una sensación de solidez, de firmeza. Viene a mí la suma total de todos mis pasos. Todo lo que yo anduve, hice, dije, aprendí, viene a mí de manera unificada. Yo soy todo eso. Cuando tengo ese vislumbre del ser total que soy, ya no me confundo con mis pensamientos o reacciones, tomo distancia con relación a ellos.
Puedo verme como algo distinto de las ideas que tuve o todavía tengo sobre mí: se rompe la identificación. La sensación que viene es la de que hay un espacio, un respiro, un alivio.
No necesito estar exigiéndome al máximo todo el tiempo. Puedo darme una tregua. Puedo admitir que soy un ser limitado, como todos los demás. No soy un super-hombre, soy solamente alguien que experimenta. Alguien que va tanteando, va intentando. As veces acierta, otras veces erra y tropieza, corrige el rumbo y sigue, prosigue, descansa. Un ser humano.
La Terapia Comunitaria Integrativa abre un espacio para esta escucha interna. Las personas pueden verse como algo que confluye con todo lo que existe. Se borra en buena medida la angustia por un desempeño siempre mejor, la angustia por la muerte, tan humana, comienza a disolverse, en la medida en que vamos naturalizándonos.
De la misma manera que las hojas caen y que tantos seres queridos ya se fueron, un día será nuestro turno. No tengo apuro en que llegue esa hora, pero creo que esta caminata de la Terapia Comunitaria Integrativa, que es un eco de caminatas anteriores y contemporáneas de la humanidad, es una herramienta preciosa para que cada uno y cada una de nosotros, cada persona humana, se re-integre al ciclo de la existencia.

Deixe uma resposta