Es preciso soñar

Es preciso soñar. Es necesario soñar, sí, sí, verdaderamente. ¿Por qué digo que es necesario soñar, que es preciso soñar? Porque la vida puede irse perdendo, podemos ir muriendo en vida, casi sin darnos cuenta, o sin darnos cuenta absolutamente, en el caso de que simplemente nos adaptemos a lo que está ahí, a lo dado, a lo que el sistema propone e impone, sutil y drásticamente. Cuando escribo estas cosas, no me estoy disponiendo a hacer un discurso, una predicación moral, decirle a los demás lo que hay que hacer, lo que habría que hacer.

Más vale estoy disponiéndome a dejar que las palabras me vayan llevando de vuelta a esa situación en que fui capaz de soñar, en que fui capaz de construir un mundo que yo pudiera habitar, y en el cual pudiera ser feliz. Algo imperceptible de pronto nos da una señal, o me da uma señal, ya que estoy hablando en primera persona. Una cosa chiquitita de repente despierta en nosotros, o en mí, en vos, en quien sea, y nos da una señal. Nos dice que algo no está bien, no es como debería ser.

Si yo le presto atención a esa pequena señal, de repente puedo ir dándome cuenta de qué es lo que no está o no es como debería ser o estar. Puedo haberme adaptado demasiado, puedo haber ido incorporando demasiadas opiniones y hábitos ajenos a mi vida. De pronto puedo haberme ido transformando en un perfecto extraño a mí mismo, sin darme cuenta. El sistema juega a eso.

Pero no voy a ponerme a criticar al sistema capitalista en abstracto, sino más bien dejar que alguna posibe luz se vaya haciendo, vaya llegando de a poco. Pertenezco a una generación que tuvo y en buena medida sigue teniendo sueños grandes y chicos, de todo tipo. Justicia social, amor, paz, medio ambiente, espiritualismo, creatividad artística, fraternidad. La lista es enorme.

Pero ¿cómo esos sueños viven en mí, en mi cotidiano, en mis relaciones en casa, con mis familiares y amigos, con la gente con quien convivo y que encuentro cada día? Cuando empecé a escribir estas líneas, estaba pensando en algo muy simple y directo. ¿Qué había pasado, qué ha pasado con mi capacidad de soñar, de construir imágenes, lugares, cosas como cuadros, fantasías, cuentos, relatos?

¿Hasta qué punto vivo en libertad y creo, o al contrario, me habré tornado un esclavo de ese realismo ingenuo que Julio Cortázar tan bien describe en La vuelta al día en 80 mundos? Cuando era chico y cuando era joven, me permitía viajar con la imaginación, y también en bicicleta y de mochilero. Y ahora, ¿viajo solamente en auto o en avión?

Hay una parte nuestra, como seres humanos, que es totalmente inaprehensible e inexplicable — al menos para mí. Y sin embargo, no hay un solo ser humano que no sepa de qué se trata. Me refiero a la capacidad de construir un mundo propio, un lugar para uno mismo en el mundo. Construír un lugar para uno mismo y habitarlo.

Sin esto, somos desterrados o desterradas en permanente exilio, presas fáciles del consumismo o de las manipulaciones ideológicas o mercadológicas o de la lógica que sea. Lógicas ajenas a la nuestra empiezan a conducir nuestra vida: es lo que llamo el robo de la vida.

Y esto se da en cosas simples, en lo cotidiano. Hay que estar alerta, mirar hacia adentro y hacia afuera, con atención. Que nuestro sueño viva siempre, que se sume a los sueños parientes con los cuales se va tejiendo la tela de la vida.

Um comentário sobre “Es preciso soñar”

  1. Qué capacidad de hablar claro tienen estas palabras y a la vez están envueltas en la sugerencia de la poesía. Voy a compartir en facebook. Me ha gustado muchísimo. Gracias, Liliana

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