El valor incalculable de la vida

Escribo aunque no tenga nada que decir. Cuando lo hago me viene una sensación de que estoy ocupando mi lugar.

Gano fuerza para seguir adelante. Me comunico mejor con las demás personas. Vislumbro mejor mi camino, qué hacer.

Reavivo mis afectos. Refuerzo mi sensación de pertenecer a una comunidad en movimiento. Pierdo alguna sensación de extrañeza e inseguridad.

Recupero la noción de lo que ha sido mi vida hasta ahora. Veo lo que hice y siento una tranquilidad profunda. Me doy cuenta de que fue una vida fecunda y lo sigue siendo.

Este tiempo de ahora ya no tiene la presión por desempeño y resultados que hubo en otras etapas. Lo que pasó pasó. Se transformó en flores y en una atención redoblada al instante.

Veo lo que fui capaz de generar, el trayecto completo a veces con detalles al punto que me asombra. Entonces respiro hondo y agradezco la familia que tuve y tengo, las amistades que fui capaz de traer a mi interior.

Las lecciones que sigo aprendiendo, en particular ese juego de palabras que se arma y desarma a todo momento y del que formo parte. El valor incalculable de la vida.

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