El robo del tiempo

 Se había constatado, desde hacía ya una cierta cantidad de tiempo, que algún tiempo había desaparecido. Esto se pudo comprobar a partir de la situación de que, con el celular y la televisión, la internet y semejantes, las personas habían abandonado el presente. El presente, tan ansiosamente buscado en otras épocas, de repente había perdido casi por completo su valor. Las personas estaban unas cerca de otras, físicamente a veces, pero por completo ajenas unas a las otras y las otras a las unas, pues esto era recíproco y verdadero.

Entonces, así de pronto, de repente y como quien no quiere la cosa, el presente, nada más ni nada menos que el tiempo presente, lisa y llanamente se había ausentado. Y si el presente no estaba, si el presente, nada más ni nada menos que el presente, ausente estaba, imagínense ustedes cómo estaban las cosas, fíjense. Si como te digo, la gente estaba una al lado de la otra, pero cada una tan lejos, porque estaban hablando por el celular o pensando en los e-mails que habían mandado y que no sabía si se los habían contestado, y qué habrían dicho, o si sólo seguirían llegándole esas cadenas enfermas, haga esto y le pasará aquello.

O mire vea qué interesante lo que pasó no sé dónde. O entonces pensando en lo que te habían dicho ya, otros e-mails pasados, ya leídos e incorporados, en esa especie de diálogo contínuo, tan lindo, como si el mundo se hubiera transformado de pronto en un gran conventillo, como decía Ray Bradbury. Qué macana que se murió Bradbury, che, no te das cuenta. Y Carlos Fuentes, y Silo, Osho, no sé si me explico. La gente se va muriendo. Unos o unas antes, otros y otras después.

Y ya se viene acercando la vez de que te va a tocar saltar a vos, pero saltar adónde, che, no me vengas con estas cosas que no me quiero morir. Nadie quiere, pero se mueren igual, qué te has pensado. Y pensás que a vos no te va a tocar. A mí no, que ya me las rebusqué, ya sé cómo voy a hacer para no morir. Pero no se los voy a decir. Lo van a saber cuando no me vean más, pero sólo algunos y algunas van a saber qué pasó con éste que escribe estas cosas. Los escritores y escritoras no mueren, no sé si te has dado cuenta. Es muy lindo. Todo el mundo lo sabe. ¿Te fijás?

Deixe uma resposta