El camino interior

La búsqueda interior es una tentativa constante del alma por descubrir quién ella es. Esto que parece fácil o hasta obvio, no lo es, pues hay diversas dificultades en esta tentativa. La primera de ellas, o talvez la mayor, las nociones equivocadas que tenemos a respecto de nosotros mismos. Lo que pensamos a respecto de nosotros mismos, muchas veces no tiene nada que ver con lo que somos en realidad.

Como abriendo una cebolla, iremos sacando cada una de esas capas de ideas falsas sobre nosotros mismos, hasta llegar a lo que somos en verdad. Este núcleo interno, o la verdad interior, es algo que no es lo mismo para cada ser humano. Cada uno irá a llegar a saber quién, es, y en esto estará solo, por un lado, y unido a todos los demás y a la totalidad, por otro. Sólo, pues es como llegar a un lugar que estuvo deshabitado durante mucho tiempo, y al que vuelves sin haberte nunca ido, como dice Muñoz Soler.

Llegar a ese lugar puede ser algo que ocurra gracias a la ayuda de imágenes internas que se refieren a lo eterno en ti, el Cristo interior, o el Cristo cósmico de que habla Yogananda. Puede ser la luz interior, cada uno irá descubriendo este camino. Lo importante es saber que allí estás en contacto con tu realidad más profunda y esencial, es tu propia esencia, lo que no cambia en medio de los cambios constantes, lo que es más allá de las apariencias. Rabindranath Tagore, en La religión del hombre, dice: “renunciar no es dejar, renunciar es sacarnos de encima todo lo que nos echaron encima, e ir atrás del único tesoro que siempre nos perteneció.”

Ese tesoro interno es lo que Jesús refiere al decir: “allí donde esté vuestro tesoro, estará vuestro corazón.” Es tu propio ser, el lugar de donde nadie ni nada puede ni debe sacarte, pues eres tú mismo. Los salmos aluden a esta realidad inmutable: “Una cosa pedí al Señor y la buscaré, que pueda habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de su rostro e inquirir en su santuario”. En medio de las circunstancias más adversas, en medio de la obscuridad y la turbulencia, de los miedos e inseguridades, los devotos encuentran paz y quietud, recogimiento y seguridad. Esto es algo que cada uno debe construír por sí mismo, no está dado. Debes hacer tu propio camino, es la ley.

Talvez ya esté dado en tu propia constitución molecular, talvez tu propia realidad material y mental, afectiva y social, encierren la pista hacia esa realidad inmutable que es tu interior más profundo. Un poema de León Felipe expresa bien esto: “Nadie fue ayer, ni va hoy, ni irá mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy. Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol, y un camino virgen, Dios.”

Muchos ocultistas y gurús definen la meditación como volver a casa. La casa es tu cuerpo, es lo más íntimo de tu corazón, el Dios escondido, y es también el mundo donde vives, la red de relaciones profesionales y cotidianas, familiares y de todo tipo de que formas parte.

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