No podría permanecer callado, cuando el silencio se puede parecer a una complicidad. No creo que vaya a decir cosas nuevas, que no estén en el corazón de algunas personas que puedan llegar a leer estas líneas.
Simplemente creo que tengo el deber de decir algunas cosas, cuando veo que la excesiva ambición de poder de los sectores dominantes, está poniendo en riesgo una conquista que hay que defender a toda costa: la democracia. El estado de derecho. La primacía de la constitución sobre cualquier interés personal, corporativo o de clase.
La ofensa que se le hizo al ex-presidente Luis Inacio Lula da Silva, al conducirlo coercitivamente a dependencias de la policía federal, para que respondiera las mismas preguntas que ya se le han hecho en otras oportunidadees, es una ofensa que me alcanza. No soy petista, lo cual me deja muy a gusto para expresarme como mero ciudadano.
Defiendo el estado de derecho y el imperio de la legalidad y la Constitución nacional, con toda la fuerza que mi historia personal me habilita a tener. Llegué a este país en 1977, empujado por las situaciones difíciles creadas por el régimen ilegítimo del dictador Videla en Argentina.
A lo largo de todos estos años, con extrema dificultad, y con el apoyo solidario de incontables personas del ámbito familiar y amigos, pude ir encontrando un lugar bajo el sol. Hoy no podría callarme, cuando veo que el juego de los intereses de los grupos dominantes, está poniendo en riesgo el orden institucional, tan precioso para todas las personas que valorizamos la vida, la decencia, la honestidad, la justicia, lo que es el bien común.
Considero que el capitalismo es un sistema intrínsecamente perverso, por lo que tiene de despersonalización del ser humano. Sin embargo, no me cuento entre el número de quienes piensan que este sistema anormal y oprobioso, podrá ser destruído desde el estado, desde el sistema político.
Creo, más bien, que será la suma de incontables acciones de base, en el sentido de la reconstrucción de la persona humana, que podrá ir reponiendo en el conjunto de la humanidad, un sentido del vivir que recupere el valor de la vida como un don divino. Algo más allá del lucro y las ventajas.
Desde esta mi humilde posición, que es compartida por personas de muchos países de América Latina, es que manifiesto mi preocupación por los excesos a los que ha llegado la élite dominante en Brasil. Ofender y agredir a Lula, es agredir y ofender a toda la ciudadanía que empezó a sentirse gente, empezó a tener derechos de gente, a partir de los gobiernos del PT.
Por eso, creo que si han llegado demasiado lejos en su tentativa de imponer la explotación capitalista a costas del estado de derecho, debemos todos, en la base de la sociedad, actuar en el sentido de la defensa de lo que no puede ni debe ser negociado: el orden institucional, el imperio de la ley, y una justicia que no debería nunca haberse prestado al juego sucio de los dueños del poder.

Sociólogo, Terapeuta Comunitário, escritor. Vários dos meus livros estão disponíveis on line gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/
