Construyendo

Es importante criticar, sin duda. Decir lo que está mal, lo que debería cambiar. Forma parte del proceso democrático, y, aún más, del proceso de conocimiento que conduce al crecimiento. Sin una noción clara del bien y del mal, sería imposible saber en qué dirección caminar.

Pero también, y esto me siento obligado a repetir uma vez más, sin un uso constructivo de la palabra, sin una orientación positiva en nuestras acciones, las críticas pueden llegar a transformarse en un mero ejercicio irresponsable de quien no hace nada para mejorar.

Estas cosas las digo pues, desde hace ya muchos años, veo que hay una especie de insistenca en ese desperdício de energia que consiste, simplemente, en criticar, en decir lo que está mal. Y estaria yo aquí también reincidiendo en este vicio, si no diera al menos un paso, por pequeño que sea, en dirección constructiva, en dirección positiva.

Mucho se habla de la necesidad de empoderar personas y comunidades, de fundamentar uma sociedad de paz, de amor y de justicia. Pero los esfuerzos que se hacen, tanto en Brasil, donde la dimensión del voluntariado y de las acciones ciudadanas es muy considerable, como en otros países de America Latina, en dirección hacia cambios de actitud y de formas de actuar que efectivamente estén dando senales de construcción de ese mundo mejor que todos deseamos, son muy poço valorizados tanto en el diálogo, como en los medios de comunicación.

Parece que hay um placer en señalar lo que no está bien, lo que no funciona como debería. Hay pequeños esfuerzos, en ámbitos poco notables de la existência, que nos dan la pauta de que hay mucha gente com actitudes favorables a la mejora de las condiciones de vida de la mayoría.

Alguien en la calle que te ayuda, con buena voluntad, a encontrar la calle que estás buscando. Um vecino que se dedica a ayudar a jóvenes en situación de vulnerabilidad social, a través de las prácticas deportivas. Un trabajador que cumple su tarea con satisfacción, sin esperar reconocimiento, por la mera satisfacción de servir, de hacer el bien. Pequeños actos que nos estimulan a amentar nuestra fe.

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