¿Cómo aplicar lo aprendido en las rondas de Terapia Comunitaria Integrativa?

Cuando digo aplicar, es practicar. Toda palabra puede llegar a tener algún tipo de restricción o inadecuación. Más allá de esto, que trato de contornar yendo a la esencia más que a la forma, lo que me interesa es compartir lo que voy aprendiendo en este aprendizaje colectivo, esta reeducación emocional.

En la ronda de ayer del grupo TCI en español, resonó algo que yo ya venía trabajando: la fuerza viene de la fragilidad. Donde pongo fragilidad puede ser vulnerabilidad, imperfección. El pájaro sobre la rama que se rompe, aprende a confiar en sus alas. Sabe que puede volar.

La vida es inestable e insegura. La fuerza del aprendizaje comunitario es que lo que descubro en mí, es validado por personas que viven o vivieron cosas parecidas. Una de las cosas que me gusta de esta práctica educativa humanizadora es que me reconcilia conmigo mismo.

Son exactamente esas sensaciones de inseguridad, vulnerabilidad, inadecuación, que me ayudan a enfrentar el día a día sabiendo que esa es mi fuerza. También me gusta que en la escucha de mí y de la comunidad, se aguza el oído para la polifonía.

Por ahí la mente se detiene en perfeccionismos linguísticos, pero el corazón no se equivoca y hace la costura exacta. Junto el sentir, que me trae seguridad, confianza, tranquilidad, sosiego, con lo que voy comprendiendo. La memoria se agudiza, se juntan los tempos de la vida.

Dejo de vivir de manera fragmentada o recortada, para vivir unificadamente. No hay ninguna perfección en esto. La vida es como la construcción literaria. Un castilllo de arena que el agua del mar disuelve, y volvemos a construir, incesantemente.

Mis heridas, que son una compañía constante, me recuerdan la totalidad de mi camino. ¿Qué fue lo que aprendí en las sucesivas y constantes situaciones de amenaza y/o agresión? Mi vida a mi favor.

Les invito a que nos hagan llegar sus experiencias. La fuerza colectiva es el sumar, el agregar, el juntar hacia una vida más sana y justa.

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