Centralmente

Llegar a mi puerto más seguro. Saber que la vida es una lucha incesante hasta el final. La muerte acecha. Sólo le pido a Dios que no me deje desistir, que pueda mantener la decisión y la voluntad y el empeño necesarios para seguir cuidando de la vida hasta el instante final.

Agradezco lo que voy recibiendo de dirección interior venida desde mi proprio corazón. Esos colores que son al mismo tiempo sensación, imagen, sentimiento.

Comprendo que Dios es singular para cada persona, tal como cada persona es singular en sí misma. Al mismo tiempo creo que hay un Dios mayor –para todas y todos– que nos ampara y nos sostiene sin distinción.

Con estas sensaciones y sentimientos empiezo esta semana, este día, estas horas que comienzan a deslizarse como un don de valor incalculable.

Me he dado cuenta de que el hecho fundamental de mi vida es hacerme cargo de mí mismo, acogerme, registrar tan completamente como me sea posible el estar vivo. Ser yo.

Este que escribe y se lee en lo que escribe y en lo que va leyendo alrededor. Está claro para mí que la vida no es un ingrediente más del proceso productivo.

Que vivamos en el sistema capitalista es una fatalidad, un hecho que hay que enfrentar para irlo diluyendo desde adentro y hacia afuera, a fuerza de integridad, atención a nosotros/as mismos/as, autenticidad, creatividad.

Florecer en estas circunstancias es lo que nos toca. Poner a nuestro favor las fuerzas que nos rescaten de todo lo que amenaza a la vida.

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