Buscándote

Uno va buscando su lugar en la vida. Lo buscás por aquí, por allí. Recuerdo que cuando era chico espiaba para dentro de las plantas de malvón que adornaban el patio de la casa que ocupábamos en la calle Leonidas Aguirre, Mendoza. Vas buscando un lugar, lo buscás en las plantas, en las flores, en la lluvia. Lo vas buscando y buscarlo es buscarte, pues lo que buscas en realidad, es a vos mismo. Esto de buscar un lugar y buscarte, es la vida. El tiempo fue pasando. Viviste en muchas casas desde entonces. Casas aquí, casas allá. Y sigues buscando, buscándote.

Hoy, esta tarde en esta casa, una casa después de tantas casas, te acomodas en la silla y en el teclado van viniendo estas palabras. Las palabras son lugares, son como casas, habitaciones. Nunca se me había ocurrido esto, o si se me había ocurrido, no lo había escrito. Lo que cada vez me va quedando más claro, es que vivir es buscarse. Han pasado ya muchos años desde que tengo conciencia de estar vivo. Las memorias son infinitas a esta altura de la vida. Todo va siendo memoria, y uno, una memoria entre las memorias.

Es interesante notar, que cosas que uno anduvo buscando durante mucho tiempo, están ahora aquí, son esto. Uno anduvo de mochilero, fue al parque, quiso enamorarse o se enamoró, buscó, caminó, subió, bajó, miró, escuchó, pintó, cantó, gritó, corrió, huyó, abrazó, escapó, temió, lloró, rió, dio las manos, rechazó el abrazo, dio vueltas, fue de aquí para allá, soñó, tuvo pesadillas, fue al mercadito y a la panadería, recorrió veredas y calles, puentes y bibliotecas, anduvo por las montañas y los ríos, los lagos, las playas, las costas, y los jardines. Y tanto andar, para llegar adonde estás ahora, a esto que sos, este pedazo de eternidad diluyéndose en la tarde que se va.

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