La tarde había comenzado con una suave llovizna. Había llovido también por la mañana. Un chaparrón que te obligó a guarecerte debajo de un techito cerca de la panadería. Entre dos aguas, el agua interna que esta tarde lloviznosa está como que llamándote a un retiro interior, a un lugar guardado, donde puedas estar quieto. Hay horas en que uno necessita estar comsigo mismo, en una quietud y paz muy grandes. Solamente dejarte ser, dejarte estar en esa paz profunda, en el centro de tu propio ser.

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