Volviendo a tí mismo

En poco habitual crónica, nuestro colaborador desde João Pessoa, Paraíba, en vísperas de nuevas jornadas en la eterna, incesante caminata del vivir, comparte contigo estas palabras:

Ese día, se había levantado sin algún propósito aparente. ¿Habría que tener algún propósito para levantarse? La observación le pareció irrelevante. El hecho es que había visto la claridad del dia, respirado hondo, bajado a hacer el mate, buscado un mensaje no llegado por internet, y ahora estaba aquí, frente al teclado que dibuja estas letras delante de tus ojos. Era el 5 de junio de 2009. En pocos días iría al sertão paraibano. Cajazeiras. Souza. Patos, talvez. No lo sabía ainda. Otros desafios. La vida era eso. Enseguida, a Buenos Aires, Mendoza, Paysandú, Montevideo. Otros desafíos, de naturaleza diversa. No te prometí un mar de rosas, recordó. La vida había cambiado significativamente, desde que dejara de ser un rehén. Es como que se hubiera puesto de pie sobre sus propios pies, ¿te das cuenta? Tipo como que volvía a ser él mismo. Este le pareció un buen título para la nota. Pero ¿quién te la iría a publicar? Ya el sol dibujaba tu sombra en la pared, y enseguida llegarían las voces, las presencias, los rostros. Recordabas otras voces, otras presencias, otros rostros, en Montevideo hace ya tantos años. Facultad de Enfermería. Universidad de la República. Cantando, bailando, orando, haciendo rueda de terapia. Recordando y escuchando, reviviendo tiempos idos dolidos revividos. Ahora volvías, ahora como alguien que era capaz de colaborar colectivamente en la reconstrucción de la persona destruída, golpeada, violentada por la dictadura, por el chantaje, la calumnia, la amenaza, la fuerza bruta. Habías puesto fin en tu propia vida, al chantaje, a la extorsión. Ahora eras vos mismo de nuevo. Una nueva vieja sensación volvía a ti. No podrías definirla, no serías capaz, no por incapacidad sino por ser tarea imposible, transmitir lo que sentías. Apenas registrarías cosas como estas, impresiones, indicios, que para ti y para quien te lee, equivaldrían a una confesión, a una declaración con nombres y apellidos, direcciones, teléfonos caras. Aquella cara horrorosa. La rubia teñida de anteojos odiosos. Aquella voz enfermiza susurrando en las tinieblas. Era la hedionda. Te la sacarías de una vez de tu vida. La sacaste ya. Nunca más. A vivir. Éticamente. Correctamente. Respetándote. Sabías ser el buen camino. Buen día o, si prefieren, bom dia, bon giorno per la matina.

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