Volviendo a casa

El camino de regreso a uno mismo no es metafórico o alusivo, es real. La persona se va alejando, va dejando de ser ella misma, para ser algo aceptable, lo que Allan Watts, el gurú de los hippies y teólogo anglicano, decía en Tabú: lo que no deja que sepas quien eres. Te has estado buscando toda tu vida, a veces a sabiendas, otras sin saber, pero de algún modo sabiendo.

Andabas a tientas, o concientemente, buscando por todas partes lo que estaba dentro tuyo, como dice Allan Watts en su libro. Ibas por el arte, el amor, la política, la literatura, la familia, la amistad, por todas partes buscando el reencuentro con el ser que eres en ti mismo, el ser que no puedes dejar de ser, pues eres tú mismo. Orabas, cantabas, meditabas y meditas, andas por la calle y por los laberintos de tu mente, en busca del ser que eres, el ser que no puedes dejar de ser, pues eres tú mismo.

Estas palabras se repiten, pero es porque tus intentos han sido siempre orientados hacia el centro de tu ser, y como un mantram, es necesario que sepas que estás yendo siempre hacia allá, como. Aún cuando errabas, estabas intentando acertar, dar con el estrecho camino que lleva a lo eterno en ti, a la realidad pura, sin apariencias, a la verdad. No erraste por maldad o por perversidad. Tus errores son la oscuridad en la que brilla la luz eterna, esa que no se apaga. Hoy ya vislumbras la realidad que anduviste buscando toda tu vida. Una imagen real se forma en ti.

Es el centro de tu ser, el lugar hacia donde estuviste yendo todo el tiempo. La morada interna, como decía Santa Teresa. Es algo tan real. Ya la ves, la sientes todo el tiempo, está en ti. No es mente ni cuerpo, pero está en tu mente, en tu cuerpo y en tu corazón, es la realidad final, la verdad sin apariencias, como decía Jesús. La verdad que liberta. Vas hacia allá, has estado yendo siempre, y lo seguirás haciendo. Pues aunque creas que hayas llegado, es como la utopia, en el decir de Eduardo Galeano, siempre se va un paso más allá, hacia el horizonte que nunca alcanzas. Vas hacia allá, hacia el centro mismo de tu ser, del que nunca te apartaste, aunque te hayas apartado.

Es una paradoja sólo para la razón. Vas hacia el lugar de donde nunca pudiste apartarte, aunque te hayas apartado tanto que a veces te sientes o te has sentido perdido para siempre. Vuelves, como vuelve la primavera, como vuelve el agua en la lluvia y en el mar, como vuelve el pájaro a cantar todas las mañanas. Te has ido pero vuelves. Vuelves una y otra vez porque es humano el volver.

Eres un eterno retorno, como decía Mircea Eliade, y uno sólo se puede alegrar cada vez que alguien retorna a sí mismo. Hay fiestas en los cielos por cada oveja perdida que vuelve al redil, vuelve a casa. Yo te agradezco que compartas estas cosas. Pues a veces las olvidas, y al compartirlas, las recuerdas.

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