Volvías de las Ocas do Indio

Jugarías, como un niño, a alinear palabras, a juntar letras, como cuando eras chiquito e ibas apilando cubos de madera con letras pintadas. Dejarías que las letras fueran formando palabras e irias viendo lo que aparece. Leerías, y entonces sabrías. Cosas que conoces en el silencio, o mejor dicho, en ese silencio audible en que escuchas la voz de la vida, esa voz callada. Uma voz que habla sin hacer ruído, habla con silencios que aprendes a descifrar. Rememoras lo vivido, lo visto, lo sentido, en estos dias de reunión.

Tu alma se alimenta en estas jornadas a las que te has ido habituando a lo largo de los años. Ya has aprendido a juntar, a coser, a tejer junto con tus compañeras y compañeros, esa tela invisible, la tela de la vida. En un mutirão de cariño, desde distintos lugares del país, convergen hacia el lugar donde el sueño se empezó a coser, hace ya tantos años. Llegas a casa y los sonidos familiares, los rostros habituales, encuentran tu mirada. Vuelves como quien retorna a un lugar de donde se fue sin nunca haberse ido.

Es una utopia que se teje a muchas manos. Cada dia uma puntada, uma costura más, en distintos lugares, cosiendo y tejiendo la infinita tela de la vida. Agradeces en tu corazón pertenecer a esta família tan grande y amorosa que te acoge y te acuna como cuando eras un niño. Recuerdas los rostros, los abrazos, los dias pasados en las Ocas do Indio, y empiezas a volver, a volver sin nunca haberte ido, a volver al lugar donde reside la vida.

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