Victoria

Hoy pensaba cómo la división de la persona contra sí misma, el reinado del enemigo interno, ese que te dice a toda hora que estás equivocado, que no es bastante, que tenés que hacer más, es crucial para la sustentación de la sociedad en que vivimos.

Si te amas, si te aceptas, no dejarás que te dominen, que te vendan lo que no necesitas, ni aceptarás que te digan cualquier cosa ni la compañía de gente que detestas.

El sistema capitalista funciona gracias a que aprendiste a odiarte, al hecho de que desde pequeños nos enseñan que somos malos, que nos falta, que no somos como deberíamos ser.

Esto no es algo que le ocurra a algún tipo especial de personas y a otras no: es la programación básica que hace funcionar esta sociedad. Sin este divorcio interno, sin esta eterna insatisfacción contigo mismo, no comerías demasiado, no verías programas imbéciles en la televisión, no leerías noticias en los diarios que te destruyen el sentimiento y el pensamiento.

La culpa es la coronación de este proceso de división interna de la persona, que hace funcionar al sistema. Pero puede revertirse, y se revierte, por suerte. Puedes empezar a traerte de vuelta, como tanta gente en todas partes del mundo lo viene haciendo y lo seguirá haciendo, mientras haya una humanidad que no se rinde, que no se vende, que no cede a la alienación.

Hay muchas formas de redención, de resurrección, todas válidas. Nadie puede arrogarse ser el dueño o la dueña de la única receta legítima. Todas dan resultado. Inventa una. Lo que no vale la pena, es pura pérdida de tiempo y de energía, es tratar de culpar a alguien: a tus padres, al sistema, a las instituciones, a la sociedad.

Tu vida es muy preciosa para que la pierdas. Las instituciones y el sistema, todo pasa, tú pasarás también un día, como todas las cosas, es la ley. Pero si descubres en tí mismo la llave del dominio de tu propia vida, no habrá sistema ni institución ni sociedad que puedan forzarte a traicionarte a tí mismo o a tí misma. Serás siempre dueño de vos mismo o de vos misma. Serás vos mismo todo el tiempo. Esta es la victoria.

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