Vamos todavía

imagesEsta tarde mientras esperaba ser atendido en el banco, un señor de edad empezó a conversar. La fila que no andaba. La demora en ser atendido. La situación del país que, según él, es caótica.

Me quedé escuchando para ver hacia donde iba. Empezó a criticar (sin nombrar), a quien en conversación telefónica, criticó al poder judicial. A pesar que yo me creía entrenado para no reaccionar, no pude dejar de defender el derecho de quien quiera que sea, de decir lo que se le antoje, en una conversación telefónica que se supone privada.

No pude dejar de lamentar el trabajo perverso que se ha hecho en todo este tiempo, de difamar a Lula y presentarlo como alguien que no respeta las instituciones. El señor se dio cuenta de que no contaba con mi complacencia, y cambió la dirección de la charla, pasando a criticar a un ex-gobernador que fue apartado del cargo por faltar con sus deberes de funcionario público.

En eso, lo llaman para ser atendido, y agradezco volver a mi silencio. Cuando me tocó a mí, la gerente, a quien conozco de años, se disculpó por no haberme atendido por teléfono a la mañana. Me conmueven las actitudes de la gente que trabaja, y lo hace con dedicación, con cariño. Yo también ya estuve en ese lugar.

Apareció un colega profesor, que también forma parte de mis recuerdos en esta tierra. Anduve todavía en dirección al rectorado, en medio de la vegetación verde, y las flores. Un hermoso lugar, la universidad. Tantos años aquí, por estos caminos. Luchando, soñando.

Y todavía insistir, ya desde otro lugar. La vida nos pone en otra perspectiva. Pero todavía tenemos un lugar en medio de la gente que trabaja. Gente que construye vínculos solidarios en los bairros. Uno tiene un lugarcito ahí.

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