Un solo mundo

Hay una cuestión que siempre me tocó fuertemente en mi vida, es la cuestión de la injusticia, de la explotación de las personas, del abandono y la discriminación, del olvido a que son sometidas muchas personas en el sistema capitalista. Muchas personas pierden por completo su identidad y su sentido de vivir, se entregan a la depresión o a formas de auto-destrucción. Estas cosas me motivaron, desde pequeño, a sentir como míos estos problemas humanos. Leí, me informé, estudié.

Oré, medité. Participé de movimientos estudiantiles de resistencia antidictatorial en Argentina, y de construcción de alternativas de una universidad imbricada con la construcción de una sociedad más justa e incluyente. El tiempo pasó. Hoy participo en Brasil y en otros países de América Latina, de la Terapia Comunitaria Integrativa, una tecnología de recuperación de la persona humana creada por Adalberto Barreto, teólogo y antropólogo.

Creo que todos podemos hacer algo para mejorar el mundo. No creo que haya recetas o caminos únicos para resolver los problemas que nos aquejan, como humanidad. Me parece que el hecho de que seamos un movimiento cristiano de alcance mundial, abre la perspectiva para acciones moleculares y en conjunto, en los países y lugares de cada uno, de cada una, en la dirección de esa fraternidad universal que entiendo es el sueño a que nos llama Jesús.

Guardo en mi alma el dolor que nos dejó la dictadura del mercenario Videla, genocida y traidor, un católico apoyado por la Iglesia católica argentina. En la Terapia Comunitaria Integrativa aprendí a resignificar el dolor. A darle un sentido al haber sobrevivido. En Brasil encontré un lugar para vivir, un pueblo afectuoso y en movimiento hacia una vida más fraterna y solidaria, con una mezcla de razas y culturas en medio de la cual pude ir encontrando un lugar, lo sigo encontrando y buscando.

En el año de 2008 me sumé al grupo cristiano ecuménico inspirado en la Teología de la Liberación de José Comblin, que forma parte del Movimiento Internacional Somos Iglesia-IMWAC. Quiero a través de estas líneas, contactar a quienes en otros países, puedan estar desarrollando tareas en la perspectiva de la unidad del género humano, en la expectativa de que podamos crecer juntos y juntas, estimulándonos mutuamente.

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