Un cosmos en el cosmos

Hay días en que no parece haber nada especial para hacer. Descubrirte amando a tu amada ya es bastante. Sentirte uno con ella. Uno con la vida. Ya es mucho. El día va, y no sabes adónde va. Tanta gente en tantos lugares. Tantos mundos alrededor, y dentro tuyo un querer estar aquí, lo más limpiamente posible. Lo más presente que puedas. Los libros, la televisión, este cuaderno, tus pies, la respiración. Oyes, ves, respiras. ¿No es bastante? Es mucho. Agradeces, de modos más tenues. Tu charla con Dios es otra. Él y tú cambian de contínuo. La vida es este mutar constante. Preparas un trabajo para Venezuela. María en ti. Su voz, su amor. Su presencia. Tus padres, tus hijos, tus amigos y colegas. Seu Chico y Dona Marieta. Leila, Diogo, Bruno. Arturo, Leo, Lucia, Blanca, Emilio. La cadena se extiende como una tela en todas las direcciones, y tú, una gota, un cosmos en el cosmos.

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