¡Qué salutación navideña del Papa Francisco!

papaEl sacerdote mendocino reflexiona sobre la reprimenda del Papa a los cardenales.
Lo que “se estila”, para los saludos navideños y de fin de año, es el lenguaje refinado, adornado con bellas palabras como “felicidades”, “que todo vaya bien”, “que se cumplan todos los deseos”, etc. A veces son palabras y deseos sinceros, pero -convengamos- casi siempre son parte de las formalidades, de la costumbre, del quedar bien.
Francisco, en su saludo a los miembros de la Curia romana, ha utilizado otro lenguaje.
Palabras atinadas, respetuosas y sencillas, pero llenas de sinceridad, de coraje y valentía. Y al decírselas a la Curia, ha señalado que se las dice a todos y a cada uno de los miembros de la Iglesia Católica, de la que la Curia Romana debiera ser imagen y ejemplo. La Iglesia, nos recuerda él, es un cuerpo con diversos miembros, y cada miembro debe cumplir bien con su responsabilidad para que “el cuerpo viva”.
El Papa nos invita a hacer un detenido “examen de conciencia” que nos lleve a reconocer nuestros errores y a reconciliarnos con Dios y con los demás, a fin de “vivir” la Navidad. Y “nos pasea” por caminos por los que casi nunca transitamos al examinarnos.
Desde sentirnos indispensables y patrones, a convertirnos en máquinas de prácticas religiosas. Desde intentar pilotear al Espíritu Santo, a no dar importancia a trabajar unidos y en equipo. Desde la enfermedad del Alzheimer espiritual (discapacidad espiritual), a la rivalidad y la vanagloria que nos hace vivir un falso misticismo. Desde la hipocresía, doble cara y doble vida, al hablar a espaldas de los otros y a “sacar el cuero” sin piedad. Desde el cortejar a los superiores para “hacer carrera”, a pensar solo en uno mismo por celos o por astucia. Desde vivir la vida cristiana sin gozo y como carga, a acumular bienes materiales “para estar seguros”. Desde sentirnos importantes y hacer exhibicionismo, al deseo de multiplicar infatigablemente los poderes sobre los demás.
Que yo recuerde, ningún Papa había hablado así. Ni para Navidad ni para Pascua.
Pero, en verdad, a los católicos nos viene bien que nos zamarreen el árbol de la indiferencia, de la quietud, de las apariencias, de sentirnos campeones porque somos más (¿?) en número, de creernos seguidores de Jesús porque de vez en cuando vamos a Misa, o pedimos un Bautismo o nos floreamos socialmente con un Casamiento.
A Francisco se lo señala como un “reformador” de la Iglesia Católica.
Y él mismo nos vuelve a recordar que será inútil e infructuosa toda reforma que no comience por la vida personal y comunitaria de cada uno de nosotros.
Fuente: Mendoza On Line
http://www.mdzol.com/opinion/578212-que-salutacion-navidena-del-papa-francisco/

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