Esta tarde me dí cuenta de que el presente no es problema. O más bien que en el presente que me toca vivir, no hay problemas.
Los problemas surgen en el pasado o en el futuro. Los problemas, en mi caso, surgen más bien del pasado, de lo que fue, lo que creo que me hicieron. De allí derivan broncas, rabias, rencor.
O entonces los proyecto en el futuro: cosas que podrán suceder, cosas que tendré que hacer y no me gustaría tener que hacer, etc. Entonces vienen el miedo, la preocupación, otra vez la bronca. Pero cuando estoy simplemente en el presente, bien situado en el aquí y ahora, está todo bien.
Es un tiempo tan fugaz, que es casi como si no existiera. Pero es el tiempo que realmente puedo vivir. Sólo vivo en el presente, y el presente se me presenta en general cuando estoy libre de imposiciones o expectativas. No me obligo ni me siento obligado.
No hay presiones para hacer algo, o actuar de una determinada manera. Entonces estoy en un tiempo como parado. Tiempo detenido. Digo que es un tiempo fugaz, pues están los recuerdos, como una niebla o una resonancia, que muchas veces me hace daño.
Y también están o pueden estar los miedos de lo que pueda llegar a ocurrir. Entonces el presente se desvanece. No hay más presente. Hay un vacío del que nada puede rescatarme, a no ser el parar, el mero parar. Detenerme. Ahí me engancho otra vez con lo eterno. El estar aquí me salva, me devuelve a mí mismo.

Sociólogo, Terapeuta Comunitário, escritor. Vários dos meus livros estão disponíveis on line gratuitamente: https://consciencia.net/mis-libros-on-line-meus-livros/
