Política y cotidiano

Pasé unos días lejos del foco obligatorio de atención de estos últimos tiempos en Brasil (el impeachment anticonstitucional, o sea, el golpe).

Lejos es una manera de decir. No leía nada sobre esto, y también intentaba no pensar demasiado en el asunto. Difícil. Es una especie de agenda impuesta.

Sin embargo, este tiempo en que me dediqué más bien a apreciar las bellezas de la naturaleza –plantas, flores piedras, sierras, el agua, el cielo, los pájaros, las mariposas– me hizo ver el orden constitucional, desde otra perspectiva. La prensa comercial, que también forma perte del sistema de dominación y manejo de las conductas, me pareció más que nunca, de enorme peligrosidad para la libertad humana.

Me di cuenta de que el mundo político, el mundo de los profesionales de la política, está tan infinitamente lejos del mundo en que vivo, que es como si uno no existiera para el otro. El mundo de los profesionales de la política (la gente que hace de la política un modo de vida, un modo de obtener beneficios, sentido para el vivir, etc) está tan infinitamente lejos de mi mundo, que con certeza ellos ni saben que existo.

Ni deben saber tampoco, que existen muchas personas como yo, ciudadanos y ciudadanas que estamos interesados en la preservación del orden institucional. En ese mundo de intereses y ganancias, las personas comunes es como si no existieran.

O, en realidad, existen para ser usadas, en tiempos de elección, como votantes, y para que paguen impuestos, como contribuyentes. O sea: servimos para alimentar y legitimar el orden político en el que se basa la explotación capitalista. He perdido el poco interés que tenía en continuar votando. Creo que voy a votar nulo, en las próximas elecciones.

Deixe uma resposta