Pausa y espera

¿Pausa o espera?
Si espero que pase la pandemia, mi expectativa es que retorne lo que era antes de esto. En parte es correcto. Me gustaría poder volver a encontrar a la gente más de cerca, sin recelos o miedo.
Pero si pienso que estoy (como todo el mundo, o casi) en medio de una pausa, es diferente. No espero que las cosas vuelvan a ser como antes. Disfruto de una suspensión. Una parada. Un tiempo para mirar lo que fue hasta aqui y lo que está siendo.
La pausa me sitúa en el presente, un presente que tiene pasado. Ese pasado cada vez es más mío, así como también el presente. La detención me permite ver sin ansiedad. Menos expectativa. Casi ninguna expectativa.
La expectativa de que a una respiración suceda otra. Esto es lo mínimo. Todos deberíamos tener derecho a seguir respirando. ¿Yo me permito respirar? Estos días de confinamiento siento más el aire que me sostiene.
El propio evangelio, la oración, el amor, lo que es substancial, son más reales, están más evidentes. He salido en parte de una certa inercia, un frenesí, un estar corriendo sin saber por qué. No tengo que correr. Puedo ir despacito.
Ya he corrido bastante, con y sin motivos. Ahora puedo escuchar el canto de los pájaros. Puedo sentir el viento y la lluvia, como cuando era niño. Me visita una tranquilidad que creo que puede tener que ver con el tiempo que ya he vivido.

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