Cae otra vez la democracia.
La democracia está cayendo siempre.
Cuando se alcanza alguna justicia social, hay golpe.
Los golpes ahora son diarios.
La plutocracia en el poder insulta a los trabajadores y trabajadoras todos los días.
Desprecian la ciencia, la cultura, el arte, los derechos humanos.
Desprecian la vida.
¿Cómo rehacer la vida frente a la contínua campaña destructiva ejercida desde los llamados poderes públicos (ejecutivo, legislativo, judicial)?
La vida no es propiedad de delincuentes institucionalizados.
La vida es un don divino.
Y cabe a la ciudadanía en pleno, en su diversidad, en su multiplicidad de experiencias creativas, hacer valer el derecho inalienable a la vida.
La pandemia ha puesto al desnudo la esencia del sistema capitalista.
Cada persona es llamada a escuchar en su corazón su propia voz, y a ejercer el deber de actuar de acuerdo con su conciencia.
Si el sistema político actualmente implantado en Brasil ataca frontalmente el derecho a la vida, es imperioso que cada persona obedezca a su voz interior.
Este país tiene tradiciones. Tenemos valores que nos hermanan con los países africanos, latinoamericanos y europeos.
Hemos resurgido de las cenizas. Supimos ponernos de pie e ir en pós de nuestros derechos, cada vez que las oligarquias y el imperialismo quisieron doblegarnos.
La memoria reciente nos enseña que las armas con que podemos vencer al enemigo son: memoria, identidad, conciencia, historia.
Esto es: educación, cultura, arte.
Adelante!
