Misacantano misionero

¡Qué unción de plenitud la tuya, hermano,
al coronar —ya Cristo— la senda dolorida,
hoy que gime en tus velas la voz del mar lejano
y abres al holocausto la rosa de la vida!

Yo no soy más que un chopo claro
sobre las aguas del Deseo.

Boca del viento, y brazo de la noche
para la alta limosna del rocío.

Subo hacia Ti, Señor, sinceramente:
pero con las raíces empapadas
del afán de la tierra.Estoy sin fruto:
pero en la luz de tu Misericordia
soy todo plata como un candelabro.

¡Yo no soy más que un chopo claro
sobre las aguas del Deseo…!

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