Menos exigencias, menos expectativas

Puedo vivir exigiendo menos, exigiéndome menos, desactivar esa especie de tortura interior del “un poco más”, que en otros momentos o circunstancias puede ser fecunda, pero que para la vida cotidiana, a esta altura de la vida, es fatal.

Exigir menos y esperar menos, están intimamente conectados. Dependen uno del otro. Cuando dejo de exigir y de exigirme tanto, simultaneamente espero menos. El mundo y yo estamos más en paz. Hay una tendencia a que esté todo bien.

Puedo irme dejando llevar por la vida, sin necesidad de estar empujando el río. ¿Por qué debería exigirme siempre más, si eso es una especie de tortura contínua? Puedo aflojar, dejar un poco, y todo va bien.

Hay un momento en que uno debe dejar de apretar el tornillo, ya está en su lugar. Así también, uno puede dejarse ser, dejarse vivir, sin tener que estar continuamente vigilándose a ver si está haciendo lo que tiene que hacer, del modo como debería estar haciéndolo.

El enemigo interno, el verdugo interior, no son en absoluto necesarios. Tengo la impresión de que en algún momento, uno puede simplemente abandonarse a la corriente, dejarse llevar por el agua.

Estas observaciones las comparto, como acostumbro hacer, por pensar que en el diálogo con quien pueda estar leyendo, podrán surgir aprendizajes mútuos.

Um comentário sobre “Menos exigencias, menos expectativas”

  1. Esse também tem sido meu movimento, Rolando…
    Ao mesmo tempo, creio que somente aqueles que na juventude se esforçam podem dizer, após meio século de vida, essas palavras com fé, sabedoria e paz…
    Abs,

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