¿La vida tiene valor?

La respuesta podría parecer obvia, pero no lo es. La situación actual de pandemia exhibe un desprecio tal con relación a la vida, que no puedo menos que hacerme esta pregunta.

No es mi intención darle consejos a nadie, ni hacer un discurso. Lo que está en juego es demasiado valioso como para que me permita desperdiciar esta oportunidad de seguir revalidando mi propio sentido de vivir.

La vida tiene sentido, esto es lo que yo sé. Lo aprendí desde muy temprano, y la actual proximidad con la muerte reactiva los recuerdos.

Me doy cuenta de que mi vida tiene sentido cuando miro hacia atrás y veo el camino recorrido. El arduo trabajo que tuve que para mantenerme entero, preservar mi identidad, seguir siendo yo mismo.

Actualmente veo a mi alrededor una especie de indiferencia que se expresa no sólo en el descuido de las normas básicas de seguridad para no morir por el virus que asola al mundo, sino por una indiferencia al mero estar aquí.

De ahí el título de estas anotaciones. Aprendí a darle valor a la vida a lo largo de todo este ya extenso trayecto. Paso a paso.

Hoy me sigue tocando resignificar sentimientos que se anidaron en mí en el transcurso de este camino. Miedos.

Aprendí en la Terapia Comunitaria Integrativa que los miedos se enfrentan con confianza. La confianza se construye día a día.

Aprendiendo a gustar de mí. Aceptándome como soy. Manteniendo vínculos saludables con las personas alrededor.

No hay nada automático. La conciencia va guiando. Y la tarea de traerme de vuelta al presente, plenamente, es cotidiana.

Esta es mi manera de saber que valió la pena. Sigue valiendo la pena cada día verme aún vivo. Tener proyectos personales y comunitarios.

Proseguir en la tarea de desarrollar todas y cada una de mis capacidades creativas. Atención. Percepción.

Amor. Amar es el sentido mayor. Por eso me permito en este momento dirigirme a quien esté leyendo estas líneas.

Aguante un poco más. Quédese en casa. iVale la pena seguir viviendo! La vida es hasta el final. No es necesario anticipar la partida de este mundo.

Lea un libro. Pinte un cuadro. Cante una canción. Hable con sus hijxs. Vea una película linda. La violencia no debe hacernos desistir.

Con la perspectiva de los años vividos puedo ver que hay siempre una rendija, una posibilidad, aún en la situación más peligrosa.

Es la puerta estrecha de que habla el evangelio. iConfiemos! iSe puede!

 

 

 

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