La prueba de la confianza es confiar

No puedo confiar y desconfiar al mismo tiempo.

Si confío, sé que es como vos decís, sé que es lo que decís.

Si me abro a esta confianza, me libero de preocupaciones.

No te atribuyo segundas intenciones.

Te dejo llegar en tus palabras sabiendo que es así.

Es lo que ves, es como ves.

No necesito desconfiar de vos.

No necesito acatar tu visión, puedo apenas recibirla, y esto me engrandece y me fortalece. Crezco en esta confianza. Me despreocupo, me desocupo, cuento con vos. Esto es ser juntos y hacer juntos.

Tampoco necesito atacar tu punto de vista, como si yo necesitara defenderme de quien me quiere engañar.  Ya descubrí que sos confiable. Hay una larga experiencia que valida esto. Entonces confío, simplemente. Confío y ya está.

Cuando confío en vos confío en mí. Mi desconfianza excesiva y permanente era una defensa contra ataques probables, o esperados. Ahora que hago las paces conmigo mismo, sé que tengo un lugar y ya no vivo defendiéndome de quien me ama.

Es mi batalla final. Estoy en esto. Así de simple. Yo y el espejo. Yo en el espejo.

Estoy lleno. Estoy pleno. Voy por los caminos de la vida seguro y sereno.

Sé que te necesito y me completo. Amarte no me suprime sino me potencializa. Aceptar esto es aceptar que acerté en mi búsqueda esencial. El amor de una mujer. Esa mujer sos vos.

La revolución, la justicia social, el arte, todo son medios. El fin es el amor vivido. El amor cotidiano. La vida aquí ahora. No tengo otro proyecto. Todo lo que hago reúne y se orienta a este fin.

Imagen: “María”

 

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