La política a nuestro alcance y la política fuera de alcance

Sigo creyendo que la mayoría de las personas se pierde en discusiones sin futuro, sobre cosas que están prácticamente fuera de su alcance, mientras dejan de hacer lo que podrían hacer, para mejorar su vida y la de las personas a su alrededor.

Pierden energía repitiendo cosas que los grupos en el poder o las redes sociales o los medios de comunicación desparraman, sobre las cuales poco o nada se sabe acerca de su confiabilidad, y creen que, al hacerlo, están “haciendo política”.

Es un tipo de política, sin duda. De las peores posibles. La que hace ruido y no cambia nada. Mientras tanto, aquello que podríamos hacer para mejorar la vida a nuestro alcance, sigue fuera de las discusiones, fuera del campo de acción.

Es obvio que esto es deliberado. Interesa que la mayoría se crea participando porque cada tanto vota. Es importante votar, no se piense que hay aquí algún desprecio por la democracia representativa. No, no, de ningún modo.

Pero si yo solamente me siento parte de la política nacional o local cuando opino o actúo en los ámbitos de la política partidaria o estatal, estoy dejando un vacío adentro mío y a mi alrededor. ¿Quien ocupa ese vacío?

Vivo la mayor parte del tiempo en Argentina y Brasil. Por lo tanto estas afirmaciones se restringen a estos dos universos sociales y culturales. Lo que quiero decir es que aunque es importante que nos manifestemos sobre las cuestiones de la política estatal, esto no puede ser el total de nuestra acción política.

Hay un campo que es el del voluntariado, que cada vez más tiene un espacio amplio en la vida de muchas personas alrededor del mundo. Son redes de contacto y de acción cara a cara en diversos ámbitos, como la salud, la educación, la cultura, entre otros, donde se construyen lealtades y, lo que es más importante, se crean sentidos para el vivir. Esperanza. Fé. Confianza. Solidaridad. Plenitud.

Valores sociales que consolidan un vivir en plenitud, en la contramano de las decepciones y frustraciones que acostumbran medrar en la política fuera de nuestro alcance. ¿Por qué no, entonces, invertir más tiempo y energía en las acciones positivas y constructivas que dependen más de nosotros mismos y de personas con las cuales nos encontramos personalmente?

Hace ya unos 14 años más o menos, que he venido aterrizando en el mundo que existe afuera de la universidad. El campo de la salud mental comunitaria. Esto me ha ido trayendo para el medio de un universo de gente que he ido aprendiendo a admirar. Gente bastante pobre económicamente, pero muy rica en valores espirituales, humanos.

Esto no ha significado una renuncia al saber académico o científico, sino una inserción global de mi persona en un movimiento que se entrelaza con muchos otros movimientos de base, lo cual ha ido recreando en mí una alegría de vivir que desconocía cuando estaba en la ciudadela académica, un ghetto viciado por enfermedades tales como el autismo institucional, el teoricismo, el intelectualismo, etc.

Adalberto Barreto, el creador de la Terapia Comunitaria Integrativa, es quien se ha transformado para mí, en una especie de espejo de este movimiento de desalienación del que me siento parte. Alguien que con alegría y sabiduría, con humildad y efectividad, viene dinamizando por toda América Latina, África y Europa, estas acciones a las cuales me refiero.

Una política comunitaria. Diversa y plural. Respetuosa de las identidades personales y culturales. En realidad, un movimiento de reactivación y recuperación de la persona humana. Un lugar donde recibimos un “permiso para vivir” dado por nosotros mismos en comunidad. Más allá de historias de vida victimizadoras y de estereotipos excluyentes. Más allá de prejuicios que nos cierran al mundo y a nosotros mismos.

Un movimiento de liberación que se refuerza en la acción conjunta con otros muchos trabajos de base en nuestras sociedades, cuya arma es la palabra. Así se van rompiendo prisiones comportamentales y mentales, abriendo espacios para un vivir más fluído e integrado, mas colectivo y creativo.

Deixe uma resposta