La pedagogía de Paulo Freire y la Terapia Comunitaria

La pedagogía de Paulo Freire y la Terapia Comunitaria comparten algunos principios comunes que están interconectados: La autonomía del sujeto, la horizontalidad del saber, la educación como práctica libertadora, y la incompletitud del ser humano.

El principio de autonomía concibe al ser humano como autor do su propio destino, libre y responsable constructor de su propia circunstancia y, por lo tanto, autor de las prácticas capaces de reconducirlo o reconducirla a la libertad en caso de dominación u opresión.

La horizontalidad del saber supone que todos sabemos, todos somos doctores en nuestra propia vivencia y la experiencia de cada uno es la fuente primera del saber que nos permite elegir y vivir. La terapia comunitaria parte de este principio, uniendo saber popular y científico, en una amalgama que reconstruye personas y comunidades en su protagonismo, rompiendo con la cultura de la victimización y de la miseria psíquica. En la terapia comunitaria, por otro lado, también se incorporan saberes de distintas vertientes de sabiduría de la humanidad, como el conocimiento de los chakras como centros energéticos que nos conectan con el todo.

El carácter libertador de la práctica educativa supone que saber nos hace libres, y que podemos saber no acumulando conocimiento o información, pero sí apropiándonos de nuestra propia experiencia, tornándonos dueños de lo que somos, dueños de nosotros mismos. Saber por que somos e como somos nos hace señores de nuestra vida y no víctimas de las circunstancias o de algo o alguien en quien proyectamos un dominador o un enemigo.

En la terapia comunitaria, vos descubrís tu enemigo como un colaborador, alguien sin el cual tú no serías quien eres, ya que él te muestra lo que no querés ver, la parte tuya que vos rechazás.

Vos buscás dentro de vos mismo la razón de ser de lo que te ocurre, en vez de echarle la culpa a los demás o al destino o a Dios o a quien sea, por lo que te pasa.

Esto te hace fuerte, porque aunque estés como todos estamos, en relación con otras personas, esta relación no te oprime sino te libera. Vos comprendés que un mundo mejor se construye a partir del momento en que te perdonás, te querés, te percibís como alguien bueno, vencedor, capaz de amar y ser amado, de errar e corregir el rumbo, alguien que está a camino, siempre, nunca concluido.

De esta manera, vos ya no te juzgás víctima de aquél trauma ocurrido en tu infancia o después, en la vida adulta. La vida nos golpea, todos sabemos, pero La capacidad de fortalecernos con esos golpes que nos habrían derribado, la resiliencia, es un saber a flor de piel en el pueblo, en las clases populares, aunque no siempre la persona tenga noción de ésto, pero esa fuerza reside en ella y es activada en el encuentro con otros vencedores, en las ruedas de la terapia, en las formaciones, donde ella descubre que su vida es una tela, la vida de todos es una tela tejida en todas las direcciones, uniendo lo que fue y lo que es, lo que será, todo está conectado. Y el cambio que proceso en mí, mejora la vida de todo lo que me rodea y de que formo parte, incesantemente, continuamente, sin fin.

Esta noción de unidad plenifica y reconforta, repone una sensación de eternidad sin la cual lo efímero pierde su significación y su sentido.

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