Integración

fotoCaminando por el centro viejo de João Pessoa. Las calles adoquinadas. Las veredas estrechas. Aquí y allí, alguna vegetación creciendo en las grietas.

La catedral. Cada lugar, muchos recuerdos. La gente yendo y vinendo, como un hormiguero contínuo en actividad. El monasterio de San Benito. A lo lejos, fuera de la vista, el río.

Más allá, el verde, inextinguible. Más lejos aún, el mar, inalcanzable. Los edificios antiguos, con marcas de tiempo. Historia recomenzada. Hay momentos en que el pasado se viene con todo.

El pasado, como tal. Todo lo vivido. Como la tierra donde se hunde la planta. El peso de lo pasado. Parece que uno se va a dar vuelta. Uno qusiera aflojar.

Dejar de cinchar por un momento. Dejar que el pasado se acomode de una vez, y surja este instante. Hay veces que encuentro unos hilos de luz.

Pepitas de oro. Se me ocurre que son dádivas de Dios. Aparecen en momentos inesperados. En medio de la tristeza. O cuando uno anda en misión. Misiones familiares. Misiones.

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